1 de diciembre 2008 - 00:00

Cómo la ola de inseguridad cambió la vida en San Isidro

Alambrados de púa y rejas filosas decoran los exclusivos barriosde San Isidro.
Alambrados de púa y rejas filosas decoran los exclusivos barrios de San Isidro.
Frente a una creciente ola de inseguridad, los vecinos de San Isidro se vieron obligados a cambiar su estilo de vida, que solía ser tranquilo, tomando medidas extremas.

La localidad costera, ubicada al norte del conurbano bonaerense, es conocida por la belleza de sus exclusivos barrios residenciales.

Pero la vida en San Isidro ya no es la misma. A pesar de ser uno de los distritos donde supuestamente mejor se vive, y donde se pagan altísimos impuestos, los vecinos se han convertido en rehenes de la inseguridad. A los tradicionales puestos de vigilancia -que se encuentran prácticamente en cada esquina- se les sumaron, entre otros, cámaras de vigilancia, filosos enrejados e, incluso, cercos electrificados.

Segundo Roca vive con su esposa e hijos en el bajo de San Isidro y asegura: «La vida de la gente de esta zona cambió desde hace varios años». A raíz del aumento de la inseguridad, implementó en su barrio el modelo de «alerta vecinal» que utilizaban los habitantes de Saavedra. «El sistema consiste principalmente en conocerse entre los vecinos, tener los teléfonos y ante cualquier anomalía llamar al 911», explica Segundo. Otras de las medidas que se tomaron son: no lavar el auto en la calle (y si se hace, contar con la compañía de al menos otros dos vecinos), no barrer las veredas, buscar a los menores a las paradas de tren o colectivo, y llamar a un vecino para que vigile por la ventana cuando se entra el auto a la casa. A pesar de esto, «hay mucha gente que no le da importancia al problema de la inseguridad, es como si viviesen en otro país», dice Roca.

Julie Fortabat fue víctima de un violento robo cuando dos delincuentes interceptaron a su hija mientras entraba el auto a la casa. «Los ladrones entraron a la vivienda, me pedían plata y como no tenía efectivo, amenazaron con llevarse a mi nieto de tres años», contó. A partir de este hecho, Fortabat reforzó sus rejas y vigila que no haya nadie sospechoso para guardar el auto. «Entramos y salimos como si viviésemos en el lejano oeste», aseguró. Fortabat, que es dueña de una inmobiliaria en San Isidro, explica que en el último tiempo sus clientes demuestran una especial preocupación por la inseguridad: «Es lo primero que preguntan cuando llaman por teléfono», dice. Por otra parte la inseguridad obligó a mucha gente a abandonar sus hogares. «Hay mucha gente que puso sus casas en alquiler porque les robaron y tienen miedo».

Nora Ferrando instaló en su casa portón automático, rejas y alarma, después de que ladrones entraran y la secuestraran por no tener dinero para darles. Luego de pasar cuatro angustiantes horas en cautiverio, en las que fue gatillada varias veces, la Policía logró liberarla antes de que se pague el rescate. «Yo pensé que me mataban», recuerda Nora, que es madre de tres hijos a quienes ya no deja salir a la calle solos ni andar en bicicleta. Ferrando mantiene en todo momento todas las puertas de su casa con llave y guarda algo de efectivo ante la eventualidad de que ingresen ladrones. Ella asegura que «hay mucha gente que se está armando y tomando clases de tiro, otros que tenían armas ahora lo reconocen».

Liliana Acuña
vive en la calle Rodó, a pocos metros donde hace cuatro meses ingresaron ladrones a una vivienda, asesinaron al ingeniero Carlos Regis y balearon a una de sus hijas. Acuña recuerda que su hijo menor llamó al 911 cuando escuchó los disparos y luego declaró como testigo ante la Policía. «Fue un shock terrible, nosotros los conocíamos y nos quedó la sensación de miedo porque podríamos haber sido nosotros», dijo.

  • Alternativa

    Los barrios cerrados crecieron en San Isidro en los últimos años, ya que presentaban una alternativa segura para los vecinos que buscaban una mayor tranquilidad. Pero, en el último tiempo, estos barrios reforzaron su seguridad, colocando cámaras y reforzando sus perímetros con alambre de púa. Además, aquellos que decidieron pagar mayores impuestos para preservar la normalidad que habían perdido, recibieron en las últimas semanas circulares en las que las distintas administraciones los exhortan a reforzar las medidas de seguridad.

    En la urbanización Jardines de San Isidro, que tiene 148 departamentos con seguridad permanente y control de acceso, se ha repartido un comunicado que informa que por «la grave situación que vive el país, la provincia y nuestro partido en particular», se reforzarán las medida solicitando autorización escrita y documento de las personas ajenas al edificio, limitando el ingreso de remises y revisando los vehículos de los propietarios, a fin de evitar que los delincuentes ingresen amenazando a los conductores.

    En el barrio Las Marías se alerta a los vecinos, entre otras cosas, sobre «alambrados bajos, muros y árboles que son escaleras» Y añade que «con la proximidad de la época de vacaciones muchas casas quedan deshabitadas lo que hace que las medidas deban ser completadas antes de fin de año», dice el comunicado.

    La inseguridad parece estar feudalizando al distrito de San Isidro, donde muchos vecinos prefieren resignar la estética de sus viviendas y su libertad, por una mayor seguridad.
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