De la mano de unos espantosos números sobre la situación laboral que finalmente no fueron tan terribles como pudieron haber sido (el número de personas sin trabajo creció a 6,35 millones, pero el de quienes pidieron por primera vez seguro por desempleo fue menor que el de la semana pasada) una aparente mejora en la productividad no agropecuaria (se trabajaron menos horas), el precio del petróleo que se disparaba un 3,5%, Cisco que presentaba un panorama ligeramente optimista junto a ganancias mayores que las esperadas (pero el papel se movió a la baja) y, por sobre todo, de la suba de los papeles financieros que ganaban también el 3,5% (con tantas "filtraciones", el "stress test" que se difundió luego del cierre no aportó sorpresas), el mercado bursátil arrancó con una interesante suba que llevó a que el Dow trepara un 0,76% en el primer cuarto de hora de operaciones. Sin embargo, poco después de las once, las empresas de finanzas pasaban a terreno perdedor mientras el Dow retrocedía el 1% y cuando sonaba la chicharra de cierre el Promedio Industrial se desbarrancaba un 1,2% a 8.409,85 puntos y los intermediarios del dinero caían un 3.5%. Hubo algo parecido a un consenso que achacó el malhumor a la pésima recepción que tuvo la licitación de treasuries a 30 años (el Tesoro terminó vendiendo "en bloques", pagando un 4,288% anual, un 0,2% más que la tasa del miércoles), y si bien esto podría explicar los casi 2000 millones de papeles transados no aclara por qué la baja se inició antes de mediodía.
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