20 de marzo 2012 - 10:44

"Con cambios en la Carta Orgánica se vuelve a experiencias nefastas"

• Lo dijo Aldo Pignanelli, expresidente del Banco Central

Con la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central «se vuelve a las experiencias nefastas de los 60, 70 y 80». Así lo sostuvo el expresidente de la entidad monetaria en 2002, durante la presidencia de Eduardo Duhalde, Aldo Pignanelli. En ese sentido, señaló que «más allá de lo ideológico, esta nueva Carta Orgánica no está bien redactada ya que hasta hay partes contradictorias.»

En diálogo con este diario, descartó un escenario de hiperinflación, pero aseguró que el incremento de precios quedará estabilizado en un 25% anual. Apuntó también a la falta de controles: «Si el directorio tiene la posibilidad de emitir sin límites, puede recibir presiones políticas o de los sindicatos, por ejemplo».

Periodista: Como expresidente del Banco Central, ¿qué opina de la reforma a la Carta Orgánica?

Aldo Pignanelli: Si bien son 24 artículos los que se buscan modificar, son dos grandes aspectos los que interesan. Por un lado, que el objetivo no sea solamente preservar el valor de la moneda sino también incluir el desarrollo económico con equidad social, que amplía a un espectro muy grande. El segundo aspecto, acerca de que no es más necesario el respaldo de la base monetaria con reservas internacionales, no establece límites al directorio del Banco Central. Solamente una vez al año tiene la obligación de informar al Senado, pero no a la población en general. Ya en la gestión de Martín Redrado se dejó de publicar el día a día de la posición para pasar a hacerlo cada tres meses. De esta manera, las reservas no sólo pueden ser utilizadas para pagar deuda sino también para financiar al Estado. Se vuelve a las experiencias nefastas de los 60, 70 y 80. Además, más allá de lo ideológico, se ve que esta Carta Orgánica no está bien redactada. No está hecha por los muy buenos técnicos que tiene el Banco Central en su nivel gerencial. Está escrita de una manera complicada incluso para el propio directorio. Hasta hay partes contradictorias. Y ni hablar que decía que se limitaba al 10% de la recaudación y al otro día lo subieron a un 20%. Es decir, se amplió la capacidad de emitir en 45.000 millones de pesos.

P.: ¿A qué se refiere cuando dice que se vuelve a las experiencias de los 60, 70 y 80? ¿Puede gestarse una nueva hiperinflación?

A.P.: Por ahora no se vislumbra, pero ya sabemos que se va a mantener en un 25% anual. Espero que no se llegue, pero podría ocurrir si se sigue emitiendo sin límite y financiando el déficit. Pasó infinidad de veces en la historia argentina. Hay que tener en cuenta que todos los países latinoamericanos, con excepción de la Argentina y Venezuela, están en torno a un 5% de inflación anual. En la Argentina algo tenemos que estar haciendo mal. Cuando a un funcionario público se le otorgan amplios poderes, en verdad no se le está dando ningún poder. Ni siquiera se creó una comisión bicameral a la que se le vaya presentando la evolución de las variables. Esto es lo que veo mal, más allá de lo ideológico. Le quita independencia al Banco Central y le da más poder al Poder Ejecutivo.

P.: ¿Cree que el directorio no va a tener independencia?

A.P.: Ojalá que se pueda manejar con prudencia. El tema es que si el directorio tiene la posibilidad de emitir sin límites, puede recibir presiones políticas o de los sindicatos, por ejemplo. Me tranquilizó un poco que en el discurso de Cristina de Kirchner dijera que no era para hacer zafarrancho. Espero que sea así.

P.: ¿Hacia dónde apunta esta reforma?

A.P.: Yo diría hacia dónde volvemos. En la Argentina no aprendemos de la propia experiencia. El problema de fondo es que los capitales no vienen hacia el país. No sólo no vinieron, sino que además se van, como ocurrió el año pasado, que hubiera sido aún mayor si no se ponían en práctica controles. En enero, se estima que se fugaron u$s 800 millones. Y no se van más porque no se puede. Da pena y tristeza que no se aproveche esta oportunidad histórica en el mundo en el que fluyen capitales, con bajas tasas en los países desarrollados.

P.: ¿Cree que no fluyen hacia la Argentina por estas medidas o por el default de 2002?

A.P.: La reforma de la carta orgánica genera incertidumbre, que no seamos creíbles, que Dilma Rousseff diga que la inflación es del 20% en nuestro país. Así, mientras Brasil ingresó al G-8, hay países que piden que la Argentina deje de pertenecer al G-20. Es un problema no sólo del Gobierno.

P.: ¿Y con respecto a la ampliación de los objetivos del Banco Central?

A.P.: No sirve para nada. Puede estar o no, pero el problema es la credibilidad. Por algo la Argentina tenía una carta orgánica que decía que la base monetaria tenía que tener el respaldo del 100 por 100 de las reservas internacionales.

P.: Con estas modificaciones, ¿cómo se imagina que evolucionará el dólar?

A.P.: ¿Cuál de todos? Porque tenemos uno que es para las exportaciones, el que informa el Banco Nación; otro que es el informal, que está en $ 4,80; y el que se usa para sacar capitales del país, en torno a $ 5. El oficial va a tener un ajuste mínimo del 10%. Así, a fin de año se ubicará en $ 4,90 o $ 5.

P.: ¿Vislumbra un año de crecimiento para el país?

A.P.: Va a ser la mitad del de 2011, del 3,5% o del 4%. Vamos a crecer, pero va a perder fuerza.

Entrevista de María Iglesia

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