ROBERT CARSEN ESTRENA SU VERSIÓN DE "EL CABALLERO DE LA ROSA" MAÑANA EN EL TEATRO COLÓN - Fue compuesta por Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal. La reposición está a cargo de Bruno Ravella y la dirección musical es de Alejo Pérez.
Carsen. “Esta ópera nos muestra lo que estaba pasando creativa y culturalmente en Europa justo antes de la Primera Guerra Mundial”.
Mañana, el Teatro Colón levantará el telón de una producción del director de escena canadiense Robert Carsen. Se trata de su puesta de "El caballero de la rosa", de Richard Strauss y Hugo vonHofmannsthal. La reposición está a cargo de Bruno Ravella, la dirección musical es de Alejo Pérez, y el elenco está encabezado por Manuela Uhl, Carla Filipcic, Kurt Rydl, Julian Clore, Jennifer Holloway, Guadalupe Barrientos, Oriana Favaro, Marina Silva, John Hancock, Héctor Guedes, Darío Schmunck y Santiago Ballerini. Dialogamos con Carsen.
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Periodista: Esta ópera plantea dilemas complejos, en especial en lo que se refiere a su estética y su ubicación temporal. ¿Cómo los enfrenta?
Robert Carsen: Es una obra mucho más osada de lo que la gente piensa. Muchos creen que Strauss estaba dando la espalda, respecto de obras de vanguardia como "Salomé", o "Elektra", y retrocediendo a una forma mucho más tradicional de escritura. Pero es mucho más aventurado que eso. En cierta medida es la primera ópera posmoderna: Strauss utiliza un gran número de estilos compositivos en una obra muy compleja en forma de comedia social. La trama se desarrolla en el marco de una sociedad muy definida, pero la música va del pastiche del siglo XVIII al siglo XX, y sorprendentemente hay una gran porción de música del siglo XIX. Con esta obra nos muestra lo que estaba pasando creativa y culturalmente en Europa justo antes de la Primera Guerra Mundial. Creo que Strauss y sobre todo von Hofmannsthal fueron muy sensibles a lo que llamamos el "Zeitgeist", el sentimiento del tiempo.
P.: ¿Cómo se traduce esto en su puesta?
R. C.: Pensé que era correcto situar la obra en 1911, cuando fue estrenada, en un momento en el que Viena estaba a punto de cambiar para siempre, y sobre el comienzo de un nuevo mundo, con la Primera Guerra Mundial. Hay dos puntos en el libreto que me llevaron a pensar en este período, y la militarización creciente de Austria. Uno es el cambio del nombre de la Marschallin, que en el primer boceto del texto se llamaba la Princesa de Werdenberg. ¿Por qué vonHofmannsthal creyó necesario cambiarlo a un personaje asociado con la cabeza del Ejército? No hay razón, salvo que es el personaje que aterra a Octavian. El segundo punto es un diálogo entre la Mariscala y Ochs, cuando él habla de Faninal, y da a entender que es un comerciante de armas del ejército de Holanda. Ése fue el punto de partida. Cuando escucho "Rosenkavalier" no veo una obra del siglo XVIII: veo algo mucho más moderno.
P.: ¿Y estéticamente de qué manera se plasma?
R.C.: En esta ópera el tiempo es un tema permanente, tal vez mucho más que en ninguna otra. Por eso tratamos de mostrar los tres períodos a los que el compositor una: el siglo XVIII, el XIX y el XX. El primer acto muestra a la Mariscala viviendo en las tradiciones de sus predecesores, por eso se muestra una habitación del siglo XVIII, que se inspira en el Palacio Real de Viena, y en la que la Mariscala está atrapada. El segundo acto va hacia algo muy moderno, del siglo XX, en la mansión de Faninal, que habla todo el tiempo de su nuevo palacio; aquí imaginamos que podría asociarse con la estética de uno de los grandes arquitectos de ese momento, Adolf Loos, cuya casa se abrió poco después del estreno de "Rosenkavalier" muy cerca del Palacio Real, y sabemos que el emperador Francisco José mandó a cerrar todas las ventanas que daban a este nuevo edificio, porque lo odiaba. En el tercero la atmósfera es del siglo XIX, la Viena de los burdeles, de las casas de apuestas, etcétera. También echamos mano a otras tradiciones vienesas: por ejemplo, en la escena de la presentación de la rosa, justo antes de la entrada de Octavian y Sophie ingresan otras parejas, como si fuera el "debutanceball" de la Ópera de Viena. Como director siempre miro la obra como si hubiera sido escrita recién, nunca desde el pasado o la historia. Porque cuando sus autores la escribieron era nueva y contenía muchas innovaciones. Creo que es erróneo cambiar de actitud sólo porque haya pasado un cierto tiempo. Mi trabajo es encontrar lo que había de nuevo en la obra, no lo que había de viejo.
P.: Cuando aborda un nuevo título, ¿cómo es su proceso creativo?
R.C.: Siempre empiezo por escuchar mucho la obra. Pero luego vuelvo al libreto, porque en la mayoría de los casos el compositor no escribe una sola nota hasta que no tiene el libreto y está feliz con él. Y en ese estudio detallado descubro cosas. Me formé y entrené como actor antes de ser director, y eso me lleva a hacer siempre un estudio muy profundo del libreto. Pero en la ópera el dramaturgo es el compositor, porque crea el paisaje emocional y el estado de ánimo.
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