18 de abril 2011 - 00:00

Conformó a sus fans la inclasificable Eva Ayllón

Eva Ayllón ejerce un raro atractivo sobre el público argentino con su capacidad de mezclar a Chabuca Granda con cierto repertorio peruano más cursi, su potente voz y un desparpajo que a veces ronda el chiste sexual fácil.
Eva Ayllón ejerce un raro atractivo sobre el público argentino con su capacidad de mezclar a Chabuca Granda con cierto repertorio peruano más cursi, su potente voz y un desparpajo que a veces ronda el chiste sexual fácil.
Eva Ayllón (voz). Con M. Campos (percusión, baile), M. Liy (bajo, baile), M. Lama (teclados), E. Kurimske (guitarra) y bailarines. Invitados: F. Luciani (armónica), F. Guevara (percusión) y L. Albarracín (voz). (Teatro ND/Ateneo; 16 de abril).

Mirado desde una ciudad con pretensiones cosmopolitas y demasiado etnocéntricas como Buenos Aires, la peruana Eva Ayllón es una rareza muy difícil de acomodar en las casillas conocidas del mercado de la música. Por algunas cuestiones, como cierta parte de su repertorio, el acompañamiento instrumental elegido, lo que entra más por los oídos que por los ojos, la primera intención es ubicarla sin dudar en eso que habitualmente llamaríamos folklore. Por otras, como cierta sobreactuación romántica y otra parte de su lista de canciones, la asociación vendría por el lado de la balada latina más convencional. Finalmente, por su modo de «lookearse» -ropas ajustadas para su cuerpo voluminoso, mucho brillo y colores, osadía llamativa para su edad- la pondríamos en el mundo de los clubes bailables que rodean a la «música tropical».

Eva Ayllón es todas esas cosas a la vez y ninguna con claridad. Y a lo mejor, en esa rareza para nuestro mercado, en su capacidad de mezclar a Chabuca Granda con cierto repertorio peruano más cursi, en su desparpajo -por momentos rondando el chiste sexual algo barato- para mostrarse frente al público, en su imponente voz y en su presencia escénica, esté el atractivo de Ayllón. Y es allí quizá donde debe buscarse, entonces, la gran repercusión que viene teniendo esta cantante en nuestro país que va mucho más allá -aunque lo incluye, claro- de la numerosa colonia peruana. En este caso, actuó en Rosario, Córdoba y Lomas de Zamora y cerró su mini gira con dos recitales repletos, la misma noche, en el ND/Ateneo.

Con la sucesión de visitas, Ayllón ha ido recogiendo, además, amigos locales, que han sido parte de su disco «Canta a Chabuca Granda» grabado en vivo en Buenos Aires y que volvieron a estar esta vez, en la misma sala. Ellos son: el percusionista Facundo Guevara y el armoniquista Franco Luciani, en varias piezas, y la cantante Laura Albarracín -habitualmente dedicada al folklore- para compartir una excelente y abolerada versión del tango «Nostalgias». Y no faltó la interpretación de Ayllón sobre otro clásico argentino: la zamba «Alfonsina y el mar» de Ramírez y Luna.

Algunos buenos bailarines, cuyos nombres lamentablemente no fueron incluidos en el programa, hicieron parte del espectáculo como adorno para algunos temas. Y sin mucha más exigencia que la de sostener en primer plano la figura y la voz de la cantante, el grupo instrumental acompañante de base tiene como figuras destaal guitarrista Eric Kurimske y al percusionista Marco Campos, que a ratos juega también el papel de animador de fiesta popular bailando e intercambiando gestos y palabras con las mujeres del público.

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