1 de diciembre 2008 - 00:00

Confusionismo tarifario de nuevo en el anuncio oficial

Noviembre ha sido un mes récord en materia no sólo de calor sino también de anuncios basados en interpretaciones tan erróneas como convenientes. La falta, a medias o total, a la verdad empezó temprano con frases referidas a la crisis internacional y la salud de la economía, alcanzo un clímax durante el no-debate para votar la contrarreforma al sistema de pensiones y se amplificó aún más con las argumentaciones detrás de los anuncios referidos al blanqueo de capitales y la moratoria tributaria, en una semana en donde miles de hogares y comercios racionados en el suministro de energía eléctrica escuchaban atónitos declaraciones insólitas sobre lo fantástico que estaba funcionando la provisión de energía. Cuando parecía que el «mentirómetro» ya se había reventado de acumular tanta falacia y tergiversación, el último día hábil del mes llegó el anuncio sobre el gas natural, vestido apropiadamente de reducción de subsidios (a los que nunca antes se había reconocido) y para evitar toda referencia a aumentos porcentuales de precios.

A diferencia del desastre histórico referido a la contrarreforma del sistema de pensiones, los anuncios del aumento de precio del gas en boca de pozo son harina de otro costal. Hay que recibirlos positivamente porque representan un movimiento hacia la normalidad en un sector donde el daño producido ha sido grande. Para un país como la Argentina, gasífero a más no poder en la estructura de consumo y ahora -y por obra de estas políticasdevenido en importador de gas natural, el descongelamiento del precio del gas natural en boca de pozo para aproximadamente 40% de la demanda era una medida demorada por varios años por la desidia del neopopulismo que azota el país.

Estos anuncios sobre las subas en el precio de gas en boca de pozo para los clientes residenciales representan un triunfo muy grande para los que desde hace años venimos indicando que la economía de la energía de la Argentina del «nuevo modelo» es un bote a la deriva y que hace agua por todos lados.Tibiamente lo fueron aceptando primero los intelectuales y profesionales más honestos del país, luego los simpatizantes pensantes del modelo, después, los defensores y hasta los empresarios más favorables a (y favorecidos por) las nuevas políticas. Solamente quedaba por aceptarlo el gobierno nacional.

Estos cambios ahora anunciados son la cuarta etapa de una cadena que empezó a fines de julio. La primera novedad llegó con el ajuste de tarifas residenciales de electricidad a través de la Resolución 356 de la Secretaría de Energía, estableciendo aumentos según umbrales de consumo que parten de 650 kH bimestre y llegan hasta 30%. Luego vino el turno del aumento de la tarifa de gas natural residencial a través de la Resolución 409 del Enargas, con un esquema similar y aumentos para umbrales sucesivos que arrancan en 800 m3 anuales de consumo para la zona metropolitana de Buenos Aires (y calibrados según consumos habituales para las otras regiones del país). Esta primera ronda de aumentos estaba sujeta a la crítica de que los incrementos estaban destinados a los segmentos de la infraestructura como transporte y distribución (en especial en el caso de la electricidad) y no actuaban en el desequilibrio más visible que era el precio de la energía.

Para esto, ahora lo sabemos, estaba preparada una segunda vuelta de aumentos. Así, más tarde llegaron a través de la Resolución 1169 de la Secretaría de Energía, aumentos de precio de la energía eléctrica incorporada a la tarifa residencial, de nuevo basándose en esquemas de umbrales de consumo. Ahora llegó el turno del gas en boca de pozo a ser incorporado en la tarifa residencial de gas natural.

  • Ocultamiento

    Pero, la forma en que este último anuncio fue efectuado el viernes pasado, es otra obra maestra de ocultamiento a través de un manejo conveniente de los datos. Así, como cuando el aumento en la energía eléctrica fue presentado explícitamente (sic) no como un aumento de precios, sino como una reducción de subsidios, esta vez nuevamente se uso la misma fraseología. Además se empaquetóla información difundida por todos los medios a través de cuentas de gasto de hogares ficticios que viven en una casa o departamento de cierto tipo, tienen un determinado número de miembros y están equipados bajo ciertos supuestos.

    Todo muy informativo respecto de cuánto sería el impacto de bolsillo. ¿Y la referencia a los precios que suben? ¿Y los aumentos porcentuales correspondientes? Bien, gracias. Silencio absoluto sobre eso. Es como si a los argentinos les informaran cuántos pesos más van a gastar por mes en la carne suponiendo que son un familia tipo, comen bifes dos veces por semana y un asadito los domingos. « Digan cuánto aumentó la carne por favor, sería la respuesta de la gente, «que nosotros también sabemos hacer las cuentas».

    Las razones básicas para semejante manipulación de la información tiene el objetivo básico de no aceptar públicamente que se está provocando un tarifazo sobre una parte de los hogares y hacer creer que lo que se anuncia no es ningún aumento de precios. La terminología, ya usada desde el anuncio de la suba de la energía eléctrica de que se trata de una reducción de subsidios genera una mezcla de sentimientos de aprobación (ya dijimos por qué) junto con estupor e indignación a la vez.

    Es que irrita que hablen de subsidios cuando nunca jamás reconocieron los desbalances en cuestión. Si se reducen los subsidios en una cierta cifra ¿Cuántos eran antes y cuántos son ahora? Silencio nuevamente. Es que la Argentina nunca tuvo ninguna cuenta explícita de subsidios reconocida por el gobierno, excepto las estimaciones hechas por la ASAP y por los analistas que han medido el desequilibrio de Cammesa. Pero para el caso del gas natural, ni siquiera éstos han podido cuantificar bien la verdadera magnitud en términos económicos de los subsidios, porque están escondidos, entre otras cosas, en operaciones de la empresa ENARSA a través de la importación del gas natural y LNG y porque, en lo doméstico, hay que hacer supuestos sobre el verdadero costo de oportunidad relevante para la cuenta.

    Las últimas dos partes de la construcción de este nuevo confusionismo tarifario tienen que ver con dos problemas distintos, pero relacionados. El primero es la creación a través de varios umbrales de consumo que pasan a recibir tratamiento diferente, de una estructura tarifaria que se ha transformado en una verdadera víbora gráfica, con muy poca transparencia. Estos esquemas son de difícil o imposible lectura. Estas modificaciones en el cuadro tarifario serían tal vez tolerables si fuera cierto, como el gobierno ha estado sosteniendo, que están hechas para focalizar mejor los aumentos incluyendo a los hogares de mayores recursos y dejando afuera a los de ingresos medios y bajos. Esto es otra gran confusión, tal vez mucho más sutil y más fácil de vender, que hasta la han terminado creyendo hasta algunos profesionales del sector. Un libro recién editado por TEMAS y con contribuciones de destacados colegas universitarios y de FIEL es bastante contundente respecto del uso de umbrales de consumo.

    También lo es la evidencia internacional acumulada en numerosos trabajos en otros países. El libro no evalúa los aumentos porque se trata de estudios anteriores a estos cambios. Pero, establece una conclusión muy firme. Los umbrales de consumo como los que ha estado usando la Argentina para segmentar aumentos (o subsidios) tarifarios son débiles en cuanto a una focalización apropiada de la política de subsidios.

    Así, el gobierno anunció el viernes último que sólo 36% de los hogares, que son los que más consumen gas natural, estaría expuesto al aumento y que 64% restante no tendría aumentos. Lo que le faltó decir es qué parte de este último porcentaje de hogares que no reciben aumentos son los de ingresos medios y altos, y qué porcentaje de los que sí van a recibir aumentos pueden terminar siendo de ingresos bajos. Esto no lo informó porque no lo sabe o no quiere saberlo y prefiere seguir adelante con un discurso que necesita cada vez más apoyarse en manejos informativos.
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