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Confusionismo tarifario de nuevo en el anuncio oficial
Pero, la forma en que este último anuncio fue efectuado el viernes pasado, es otra obra maestra de ocultamiento a través de un manejo conveniente de los datos. Así, como cuando el aumento en la energía eléctrica fue presentado explícitamente (sic) no como un aumento de precios, sino como una reducción de subsidios, esta vez nuevamente se uso la misma fraseología. Además se empaquetóla información difundida por todos los medios a través de cuentas de gasto de hogares ficticios que viven en una casa o departamento de cierto tipo, tienen un determinado número de miembros y están equipados bajo ciertos supuestos.
Todo muy informativo respecto de cuánto sería el impacto de bolsillo. ¿Y la referencia a los precios que suben? ¿Y los aumentos porcentuales correspondientes? Bien, gracias. Silencio absoluto sobre eso. Es como si a los argentinos les informaran cuántos pesos más van a gastar por mes en la carne suponiendo que son un familia tipo, comen bifes dos veces por semana y un asadito los domingos. « Digan cuánto aumentó la carne por favor, sería la respuesta de la gente, «que nosotros también sabemos hacer las cuentas».
Las razones básicas para semejante manipulación de la información tiene el objetivo básico de no aceptar públicamente que se está provocando un tarifazo sobre una parte de los hogares y hacer creer que lo que se anuncia no es ningún aumento de precios. La terminología, ya usada desde el anuncio de la suba de la energía eléctrica de que se trata de una reducción de subsidios genera una mezcla de sentimientos de aprobación (ya dijimos por qué) junto con estupor e indignación a la vez.
Es que irrita que hablen de subsidios cuando nunca jamás reconocieron los desbalances en cuestión. Si se reducen los subsidios en una cierta cifra ¿Cuántos eran antes y cuántos son ahora? Silencio nuevamente. Es que la Argentina nunca tuvo ninguna cuenta explícita de subsidios reconocida por el gobierno, excepto las estimaciones hechas por la ASAP y por los analistas que han medido el desequilibrio de Cammesa. Pero para el caso del gas natural, ni siquiera éstos han podido cuantificar bien la verdadera magnitud en términos económicos de los subsidios, porque están escondidos, entre otras cosas, en operaciones de la empresa ENARSA a través de la importación del gas natural y LNG y porque, en lo doméstico, hay que hacer supuestos sobre el verdadero costo de oportunidad relevante para la cuenta.
Las últimas dos partes de la construcción de este nuevo confusionismo tarifario tienen que ver con dos problemas distintos, pero relacionados. El primero es la creación a través de varios umbrales de consumo que pasan a recibir tratamiento diferente, de una estructura tarifaria que se ha transformado en una verdadera víbora gráfica, con muy poca transparencia. Estos esquemas son de difícil o imposible lectura. Estas modificaciones en el cuadro tarifario serían tal vez tolerables si fuera cierto, como el gobierno ha estado sosteniendo, que están hechas para focalizar mejor los aumentos incluyendo a los hogares de mayores recursos y dejando afuera a los de ingresos medios y bajos. Esto es otra gran confusión, tal vez mucho más sutil y más fácil de vender, que hasta la han terminado creyendo hasta algunos profesionales del sector. Un libro recién editado por TEMAS y con contribuciones de destacados colegas universitarios y de FIEL es bastante contundente respecto del uso de umbrales de consumo.
También lo es la evidencia internacional acumulada en numerosos trabajos en otros países. El libro no evalúa los aumentos porque se trata de estudios anteriores a estos cambios. Pero, establece una conclusión muy firme. Los umbrales de consumo como los que ha estado usando la Argentina para segmentar aumentos (o subsidios) tarifarios son débiles en cuanto a una focalización apropiada de la política de subsidios.
Así, el gobierno anunció el viernes último que sólo 36% de los hogares, que son los que más consumen gas natural, estaría expuesto al aumento y que 64% restante no tendría aumentos. Lo que le faltó decir es qué parte de este último porcentaje de hogares que no reciben aumentos son los de ingresos medios y altos, y qué porcentaje de los que sí van a recibir aumentos pueden terminar siendo de ingresos bajos. Esto no lo informó porque no lo sabe o no quiere saberlo y prefiere seguir adelante con un discurso que necesita cada vez más apoyarse en manejos informativos.


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