Congreso: guiño al “volumen” político para el Presupuesto

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“El dólar es la fiebre, el síntoma. No nos pueden acusar de los problemas actuales. Inéditamente no fuimos responsables esta vez”, rezan desde el antimacrismo.

En medio de las frenéticas negociaciones en tándem Buenos Aires-Washington, el Congreso parece estar más aliviado tras la promesa de Casa Rosada de convocar a los gobernadores en los próximos días para darle un acuerdo base al Presupuesto 2019.

"Sí, claro que viene con ajuste. Sí, por supuesto que hay que negociar. ¿Creo que para eso está la política, no? Espero que el Gobierno escuche a las pocas mentes lúcidas internas que se lo recuerdan seguido así sacamos esta negociación hacia delante", sintetizó un histórico cabalgador de peripecias legislativas a Ámbito Financiero.

En resumen, desde el Congreso parten los siguientes razonamientos:

La Argentina está en un momento de turbulencia constante. Todos desean una estabilidad escandinava, pero la realidad marca otra cosa. Se acabaron las chicanas y los jueguitos desestabilizadores. Hay que sentarse, negociar y acordar.

Para sacar adelante el Presupuesto 2019, el único camino que queda es el de darle volumen político al asunto. Es decir, continuar la línea de diálogo que alimentó en las últimas semanas el Ministerio del Interior. Las próximas escalas serán mañana, con la reunión con todos ministros provinciales y, en los siguientes días, con gobernadores. "Hace falta un diálogo político con el propio Presidente para saber el rumbo", aseguró ayer el jefe del PJ en el Senado, Miguel Pichetto, quien representa los intereses de los mandatarios justicialistas.

Las trifulcas que se hayan generado por las últimas decisiones económicas del Gobierno quedarán dentro de la discusión del Presupuesto 2019. No hay margen para gatillar sesiones y tratar las picardías que hizo el Ejecutivo durante las últimas semanas con algunas decisiones.

"El dólar es la fiebre, es el síntoma", rezan desde esferas opositoras. Un puñado de legisladores reconoció ante este diario que el cierre de acuerdos en Washington con el Fondo Monetario Internacional (FMI) descomprimirá la paranoia de los últimos días. Una vez solucionado ese punto, quedará despejado el camino para legislar.

Desde el Ejecutivo deberán surfear el oleaje constante que regala la oposición en el Congreso. Cambiemos no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras; el PJ se encuentra despelotado en su propia interna y sin Estado ordenador; y ni siquiera el Frente Renovador -en el peor momento del Gobierno reapareció el siempre serpenteante Sergio Massa- ofrecerá unidad, ya que al menos dos integrantes rechazarían la ley de gastos que aterrizará en 10 días al Parlamento.

Un claro ejemplo de ese panorama fue pincelado entre noviembre y diciembre pasado. Tras un acuerdo amplio entre Casa Rosada y gobernadores -se repartieron millonadas en fondos para provincias-, un puñado de legisladores del PJ se separó de sus bloques en ambas cámaras y no acompañaron -según el caso- la reforma del cálculo para actualizar jubilaciones, el pacto fiscal o la reforma tributaria. Días atrás, los allanamientos de la expresidente reflotaron melancolías nestoristas y cristinistas y agitaron las aguas en el Senado.

La líder cristichavista tomó nota de sus reapariciones en el recinto y volvió al silencio -de esa manera, se expone menos y no pierde votos-, excepto para ocuparse de cuestiones judiciales. Líneas sin sustento del Frente para la Victoria fomentan la incertidumbre, aunque un sector muy minoritario reconoció a este diario el cansancio que implica empujar un tipo de oposición, a esta altura, "demasiado tóxica".

El sector que abraza la negociación espera un debate áspero, pero sin lesiones infantiles. "Al fin y al cabo, no nos pueden acusar de estos últimos problemas. Inéditamente, no fuimos los responsables", deslizó anoche un operador premium de la oposición a Ámbito Financiero.

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