8 de agosto 2011 - 00:00

Consiguió la victoria sólo con promesa de continuidad

Consiguió la victoria sólo con promesa de continuidad
Córdoba - Esencial, básico, elemental. El triunfo de José Manuel de la Sota fue casi de manual. Ajeno a la polémica y al debate (sólo se prestó a exposiciones casi monológicas), evitó también durante la campaña cualquier exhibición y contacto con los medios. Esas rarezas tuvieron un solo destinatario: Luis Juez. La verborragia del senador era la principal amenaza de desequilibrio para un De la Sota que además caminó sobre el filo de la cornisa, hasta el último día, en su extraña relación con el Gobierno nacional de Cristina de Kirchner, con quien iniciará a partir de hoy un romance institucional sólo como garantía de gobernabilidad para los próximos cuatro años (ver nota en página 10).

Habrá que leer esta victoria también desde el llano cordobés, allí donde la tierra es campo y es emblema de lo que ha sido la lucha contra la 125. Y este factor es, precisamente, uno de los eslabones que enlazó el triunfo de De la Sota de la mano de su vice, Alicia Pregno, intendente de Laboulaye, ciudad que en 2008 fue punta de lanza en la rebelión del campo.

El voto del sector rural fue clave en la elección de ayer. Por eso los tres principales candidatos, De la Sota, Juez y el radical Oscar Aguad, fueron en fórmulas integradas por figuras que expresaron, de una u otra manera, la idiosincrasia de esa porción de la economía cordobesa que mueve, nada más ni nada menos, que algo más del 15% de la totalidad de recursos.

«El Gobierno de Córdoba ha sido el que más confianza le ha brindado al campo. Siempre acompañó los reclamos y atendió la necesidad de los productores. Eso hemos perdido del Gobierno nacional», explicaba anoche un dirigente del campo.

Reedición

El otro factor determinante para el retorno al poder del «Gallego» De la Sota fue la reedición en Córdoba de un fenómeno que se repite en la secuencia de elecciones celebradas hasta aquí (con excepción de Catamarca): la garantía de continuidad de un oficialismo que, a priori, parece haber sabido interpretar las urgencias primarias de la ciudadanía.

Desde la llegada de Juan Schiaretti (exvicegobernador de De la Sota) en 2007, el Gobierno de Córdoba exhibió -al menos en apariencia- una alta dosis de conciencia y sensatez en la gestión, tratando de acompañar el proceso de crecimiento de los diferentes sectores (agro, industria, turismo).

De la Sota ganó en 2003 prometiendo una reducción del 30% en los impuestos, un pase asegurado hacia la aceptación mayoritaria en un electorado urgido de señales concretas. Ahora garantiza seguridad y planes de viviendas, precisamente cuando comienza a estallar en las provincias una serie de reclamos masivos en ese sentido de los que Córdoba no está al margen.

No necesitó esta vez, como sí lo hizo anteriormente, golpes de efecto certeros, rayanos muchas veces con el populismo. De todos modos, habrá que ver para creer.

Ese encadenamiento de gestión al que parece haberse volcado el elector fue guiando simétricamente la campaña de De la Sota. Esto es, según sus operadores, a medida que Schiaretti lograba consolidar la gestión, la imagen del candidato crecía en las encuestas.

Por eso, tanto Juez como Aguad apostaron sistemáticamente a la denostación constante de la obra de Gobierno de Unión Por Córdoba, un criterio que ayer quedó obsoleto.

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