29 de diciembre 2011 - 00:00

Contra la “aristocracia de los asalariados”

Ni la enfermedad ni la conmoción que ésta ha producido en todos los niveles de la actividad política, le impidieron a Cristina de Kirchner olvidarse de sus peleas mayores, por ejemplo contra el sindicalismo. Describió los avances del país en los últimos años en la mejora de los salarios y la distribución del ingreso como logros que hay que sostener con medidas y gestos sólidos. Llamó a los empresarios, y especialmente a los sindicalistas, a moderar sus pretensiones y demandas. Aunque no mencionó a ningún gremio, aludió a las organizaciones que parecen defender privilegios más que derechos con protestas que ignoran que hay sectores rezagados. Criticó lo que describió como una «aristocracia de los asalariados» y se lamentó por las medidas de fuerza tomadas por gremios que ganan $ 16 mil por mes y sus directores hasta $ 40 mil, un sueldo que, dijo, es más alto que el de ella como presidente de la Nación, una clara referencia a los activistas de la AFIP que demoran un paro que está paralizado por una conciliación obligatoria.

En ese reproche caen también los camioneros, estrellas del «club del salario alto». Aquí lo que dijo Cristina de Kirchner en su andanada contra el gremialismo protestón.

  • El 10 por ciento de la masa asalariada, o sea la gente que percibe ingresos, está percibiendo el 27,9%; prácticamente el 28 por ciento total de lo que se paga en salarios, en ingresos, se lo lleva un 10 por ciento de esos asalariados, cuyo piso salarial en ese grupo de 10 es de 6.000 pesos hasta un máximo de 40.000 pesos. Si uno compara estas cifras con la Argentina de 2003 o de 2001, la verdad que no tiene punto de comparación; seguramente faltará mucho mejorar, pero yo quiero en estos momentos tan especiales pedirles colaboración a todos los argentinos, sobre todo a aquellos que han logrado mejorar su posición. Esto va tanto para asalariados también como para empresarios, porque si los asalariados han logrado muchos de ellos tener unos buenos salarios respecto de otros que están en el primer decil y que solamente perciben los del primer decil el 1,3 por ciento y es el 10 por ciento de la población. Sí, hay un 10 por ciento de la población, de los asalariados, que se queda con el 28 y hay un 10 por ciento que solamente percibe 1,3; entonces yo pido un poco de solidaridad a todos aquellos que han logrado tener buenos ingresos, que no es que no les corresponde, sino que les corresponde, pero que sabemos que es necesario seguir trabajando para los que todavía están abajo y que no han podido subir.

  • Lo mismo sucede en el sector empresario, esto no es solamente en el sector laboral. De la misma manera que los asalariados quieren tener mejores salarios, los empresarios quieren tener mayores beneficios, pero también muchas veces los métodos terminan convirtiéndose unos en obtención de privilegios a partir de presiones y de cosas, y los otros de rentabilidades extraordinarias también a costa de presiones. Y para no confundir, muchas veces nos pasa con los combustibles, cuando empieza a haber escasez de combustible y entonces sabemos que estamos ante un intento de lograr un aumento de los combustibles o las naftas, que es una forma de presionar, digo no, entre las tantas presiones y cosas que recibe quien tiene la responsabilidad de conducir el Estado y por ahí en el sector laboral de los sectores que tienen mayores y mejores ingresos, y que muchas veces ya cuando comienzan a utilizar determinados métodos y a lograr determinadas cosas, en realidad más que pelear por derechos, uno siente la sensación de que están peleando por privilegios. Y yo creo que hay que comenzar a diferenciar en la Argentina, sobre todo cuando tenemos argentinos, son el 10 por ciento de los argentinos que perciben el 1,3 por ciento de todos los salarios, cuando del sector que percibe el 28 por ciento del total de la masa asalariada, me parece que algunas demandas se convierten más en querer privilegios a costa de otros.


  • Creo que hay que aprender a diferenciar. Todos los empresarios quieren tener beneficios, pero una cosa son los beneficios y otra cosa son las rentabilidades extraordinarias a costa de métodos de presión y de cosas. Lo mismo pasa para los sectores laborales. Bueno es tener derechos, pero no que se conviertan en privilegios o en aristocracias dentro de los propios asalariados. Eso no es bueno, porque quiebra el equilibrio; ustedes me habrán escuchado hablar muchas veces del equilibrio y yo creo que todas las veces que en la Argentina no pudimos construir equilibrio o mantenerlo, una vez llegado a ese equilibrio, tuvimos problemas.
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