7 de agosto 2013 - 00:43

Corredor "M" contra Massa y el fantasma 2009 "anti-K"

Techos y pisos. Debilidades y “ecos” del peor registro

Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Sergio Massa
Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Sergio Massa
El corredor "M" atraviesa el oeste del conurbano rabioso: brota en Moreno, se ramifica por Merlo y Morón, y se corona en Matanza. La "M" refiere, claro, a la letra inicial de los distritos que aportan, sumados, 1,7 millón de votos y representan uno de los puntos brumosos de la táctica de Sergio Massa.

Bajo dominio de figuras alineadas con Olivos -Mariano West, Raúl Othacehé, Lucas Ghi y Fernando Espinoza- el corredor "M" concentra un cuarto de los votos de la provincia y es , para el massismo, un territorio hostil donde, asumen, un dispositivo electoral puede tener alto costo.

"Si un partido no tiene 33 mil fiscales ni puede soñar con ganar la elección", dice Massa, entre la confianza de contar con ese ejército y la de una advertencia a los suyos de que deben aceitar, hasta el preciosismo, el engranaje durante las 48 horas primordiales de toda elección: desde el mediodía del sábado previo al mediodía del lunes posterior a la votación.

El corredor "M" es la versión condesada, que tiene en alerta a Massa, del Top 9 de los municipios que juntan 4 millones de votantes, casi la mitad de los electores efectivos de 2011.

Allí, además de Matanza y Merlo aparecen Mar del Plata, La Plata, Lomas de Zamora, Quilmes (los cuatro con más de 400 mil votantes), Almirante Brown, Lanús y San Martín (con más de 300 mil). El kirchnerismo controla siete de los nueve mientras que Massa, vía aliados, administra dos: San Martín, con Gabriel Katopodis; y Brown, con Darío Giustozzi.

Una diferencia de 10 puntos en Matanza, donde Espinoza se puso al frente de la boleta para "garantizar la victoria", equivalen al padrón entero de Luján. El dato no es menor: los sondeos que cotejan a Massa y a Martín Insaurralde pronostican cierta paridad. Espinoza contó en Balcarce 50 que su boleta supera por 17 puntos a la del massismo.

La "promesa" del cacique matancero alimenta el único ejercicio que ocupa a los orfebres electorales del PJ oficial: cuantificar la base de votos, el piso mínimo mensurable, sobre el que se posará el FpV el próximo domingo. Es una tarea que presume de científica pero aporta cuotas -a veces enormes- de incerteza. Se trata de un oficio en cierto modo preventivo que toma como "piso" del kirchnerismo la elección del 28 de junio de 2009 en la que Néstor Kirchner perdió por 180 mil votos ante Francisco de Narváez.

El caso Matanza es sintomático. En aquel turno, el FpV aventajó por menos de 12 puntos a Unión-PRO. El anticipo de Espinoza -cuya veracidad se validará, o no, el domingo- es uno de los elementos que invoca el peronismo K para avisar que su potencial electoral no puede ser inferior al 32,2% de 2009.

Aquél es el fantasma que se esmeran por espantar en Casa Rosada y en el bunker sciolista de La Plata. Enfrente, el massismo menciona la fuga de electores registrado con el scrum de 18 intendentes que abandonaron el dispositivo K. en su mayoría presentes en 2009, al margen del corte de boletas en el plano municipal, que fue superior a los 200 mil votos. Es decir: el voto territorial venció a De Narváez, pero Kirchner perdió.

Los "cientistas" electorales del peronismo -esos armadores y punteros premium- cotejan los registros de 2009 cuando, salvo en la zona sur del Gran Buenos Aires, el kirchnerismo perdió en las siete secciones restantes.

Hay un dato, poco recordado, más potente: en seis secciones además de quedar atrás del pacto entre De Narváez, Mauricio Macri y Felipe Solá, el kirchnerismo terminó tercero relegado por el Acuerdo Cívico y Social que llevaba, todo un déjà vu, como diputados a Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín.

Dos ejemplos de aquel mapeo. En la Quinta Sección, que abarca la costa atlántica y acumula más de un millón de votos, el FpV quedó 13 puntos detrás de Unión-PRO y 6 puntos abajo del Acuerdo Cívico. En la Sexta -sur de la provincia, con un padrón de 600 mil votantes-, el FpV sumó el 21,7% contra un 36,7% de De Narváez y el 33,5% de Stolbizer.

Los sibilinos del peronismo K, muchos de ellos entrenados en los 90 por Eduardo Duhalde en la quiromancia de "leer" elecciones con el insumo de padrones y resultados pasados, hace un mes eran dramáticos.

Ahora, cambio de clima o ensayo de optimismo, enuncian escenarios de paridad o de derrotas ajustadas en esas secciones, cuatro años atrás, perdidas por goleada.

Se invoca la doble tracción: la de Cristina de Kirchner, y la de Daniel Scioli, y por otro lado la que ejercen los 91 intendentes, sobre un total de 135, que juegan con el FpV.

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