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“Cortázar perdura porque sigue representando libertad literaria”
Correas: “Además de 100 años de su nacimiento y 30 de ‘Rayuela’, este año se cumplen 70 del viaje de Cortázar a Mendoza, que para él fue como uno de esos ritos de pasaje que contó en algunos de sus cuentos”.
Periodista: A cien años de su nacimiento y treinta de su muerte, ¿qué lugar cree que ocupa en nuestra literatura Julio Cortázar?
Jaime Correas: Sigue representando la libertad literaria. Se cumplen, además, 70 años de su viaje a Mendoza, todas cifras redondas, y aquel viaje a Mendoza es para él como uno de esos ritos de pasaje que contó en algunos de sus cuentos. El libro "Cortázar en Mendoza" es una indagación sobre eso. Tuve la suerte de encontrar material que muestra un Cortázar hasta el momento desconocido, la etapa en que está formándose. Etapa que pareciera haber dejado en el olvido, tapada, y es de una enorme importancia porque llega a los 30 años con una cantidad de lecturas y una reflexión sobre el fenómeno poético y narrativo realmente notable. Hay un hecho trascendente a los 19 años, en 1933, cuando lee "Opium, diario de una desintoxicación" de Jean Cocteau. En una carta dice que ese libro lo ha metido en la vida a los empujones. Encuentra en esas páginas un programa de formación, autores que los conoce mal o no los conoce, figuras claves como Rimbaud y Lautreaumont, que era un autor conocido por muy pocos, faltaban muchos años para que Aldo Pellegrini hiciera la traducción de "Los cantos de Maldoror". Ese mundo le va a cambiar la vida.
P.: Algo de eso usted ya lo había tratado en su Libro "Cortázar, profesor universitario. Su paso por la Universidad de Cuyo en los inicios del peronismo".
J.C.: "Cortázar en Mendoza" es la continuación, el mejoramiento y la ampliación de aquel libro de 2004. Es claramente otro libro. Con la aparición de sus apuntes de clase de 1944-1945 pude terminar de ver cómo era ese muchacho de 29 años, que había estado 7 años en la provincia de Buenos Aires leyendo, leyendo y leyendo. Y fue una afortunada casualidad que en 1944 se cruzara con Guido Parpagnoli y que le dijera: "acabo de dejar unas cátedras en Cuyo, ¿te interesa agarrarlas?". Cortázar lo había conocido en un fugaz paso que tuvo por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Él estaba dando clases en Chivilcoy con el título de profesor que tenía del Colegio Mariano Acosta. Clases de Historia, de Instrucción Cívica, nunca de Literatura. Le surge esa posibilidad, cuando tenía conflictos en Chivilcoy con la Revolución del 43, con los nacionalistas, de irse a Mendoza a una cátedra universitaria y a dar lo que más sabía, literatura francesa y literatura de Europa septentrional, donde están dos de las figuras que más le interesaban, John Keats y Rainer María Rilke, eso le permite hablar de literatura inglesa y de lengua alemana. Cuando se ven sus programas se piensa en un profesor de gran experiencia, y no la tenía, sólo tenía un gran conocimiento.
P.: Mendoza es un lugar de enseñanza y reflexión teórica, pero también de creación. Allí escribe "Casa tomada" y elabora las primeras historias de Cronopios.
J.C.: Se hace de una serie de amigos encabezados por el grabador Sergio Sergi que lo sacan de cierta sequedad que traía de su etapa por la provincia de Buenos Aires. Se encuentra con interlocutores, con profesores, muchos de ellos extranjeros. Charla por ejemplo con Irineo Cruz, que conocía muy bien la obra de T.S. Eliot, el mundo griego y latino, que a él le interesaba mucho. Irineo Cruz va a ser el rector del peronismo. Y sin embargo participaron juntos en la toma de la Universidad, que era contra el cierre de la Universidad. Se había encontrado con una comunidad de intereses literarios, culturales, artísticos. Sus amigos son gente con formación, con roce europeo, Sergio Sergi estuvo en la Trieste de Joyce. El ambiente le resulta propicio. "Cortázar en Mendoza" incluye 30 poemas que escribió allí en esa etapa. Poemas que le hubieran dado un lugar muy importante entre los poetas de la Generación del 40. Cortázar tenía una poética del mundo, donde está Rimbaud y "el poeta como vidente", su preocupación sobre si la vida del poeta debía ser poética o como Mallarme llegar a ser un libro. Cortázar elige la vida, y hasta intervenir en ella en algunos casos. En una carta le pregunta a Sergi qué hace con su amigo el poeta Carlos Viola Soto, que fue traductor de Ezra Pound, que se había vuelto loco, y que gracias a Ernesto Sábato, supo que "la crisis se debe a que la novia de Viola Soto se va a casar con otro".
P.: ¿No hubo registro de amores o amoríos?
J.C.: Hay toda una mitología. He indagado y lo máximo que me llegaron a decir es que la agraciada no era de la carrera de Letras, como para dejar a salvo a una parte. Yo no he logrado dar con la identidad de la dama. Parece ser que era un gran seductor, con muchas niñas enamoradas de él. El vuelve a Mendoza en 1948 de vacaciones, y hay una carta a Sergio Sergi donde le dice: "he tenido que volver en el tren a Buenos Aires acompañado de mi ex novia y ha sido una situación horrible, hemos tenido que fingir que podíamos seguir charlando".
P.: Si se piensa en los miembros componentes del boom de la literatura latinoamericana, Cortázar aparece, junto a Cabrera Infante, como el raro, como el que elige otro camino.
J.C.: La obra de Cortázar está marcada por una idea de libertad absoluta frente al lenguaje, frente a la realidad, frente a la imaginación. Como usted dice el raro del boom. García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, lo querían por buen tipo, pero además reconocían en él a alguien que daba un pasito más. Le reconocían esa particularidad que a ellos los admiraba, que los había conmocionado cuando leyeron "Rayuela". Yo lo sigo viendo como uno de esos escritores enamorados de la literatura, de la palabra, pero además de la vida. Y eso tiene que ver con ese período de formación donde estudia a Rimbaud, Keats, Lautremont, que tuvieron una vida breve y turbulenta. Cortázar es el amor apasionado por la poesía y por la vida, que trata de unir esas dos cosas. Eso lo hace hoy vigente en los lectores. La crítica podrá decir Cortázar si no, que "Rayuela" sí, que "Rayuela" no, pero sigue teniendo lectores, sigue siendo un best seller a 30 años de su muerte. La gente de la industria editorial dice que no hay casos de autores latinoamericanos que a 30 años de su muerte sigan teniendo tal cantidad de ventas. La única explicación es que hay un ejército de jóvenes que se acercan y lo leen. Sigue vigente.
P.: ¿Qué considera que logró con "Cortázar en Mendoza"?
J.C.: Poner una lupa, una lupa chiquita, en un año y medio de la vida de Julio Cortázar, que luego se expande lanzando rayos creativos en muchas direcciones. Yo descubrí esas cosas siendo alumno de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Cuyo en los años '80. Ahí empecé a coleccionar cosas de Cortázar sin idea de publicar nada. El primer libro sobre el tema sale en 2004 tras 15 años de investigación. Diez años más tarde sale "Cortázar en Mendoza" con los apuntes que encuentro en Princeton, cartas y poemas inéditos. Es algo que se ha ido macerando en el tiempo. Es un lindo homenaje a Cortázar de quienes nos gusta y queremos a Cortázar.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
J.C.: Después de "Los falsificadores de Borges", aquella novela de 2011, tenía otra novela que la dejé para volver sobre Cortázar, para poder hacer este libro. Ahora estoy retomando la narrativa, siempre con algún grado de investigación histórica y periodística. Una nueva novela con los mecanismos de roce entre la ficción y la realidad histórica.
Entrevista de Máximo Soto


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