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“Cram”: lo mejor es la danza
“Cram” es un espectáculo ideal para públicos que buscan propuestas diferentes.
El programa de mano se va en demasiadas explicaciones, sobre el nombre del espectáculo (derivado de palabras similares en inglés, alemán y sueco), el sentido estético, la razón que justifica la mezcla de danza, tango, música y actuación. Lo que parece pretender ese largo texto es indicarnos cómo tenemos que ver y, si podemos, disfrutar- un espectáculo que puede ser entendido y observado de manera mucho más sencilla.
"Cram" es una propuesta del grupo Kambras que ya ha recorrido distintos escenarios europeos y ahora tiene su reestreno porteño. Todos, con más o menos recursos técnicos, tocan alguno o varios instrumentos y a ratos cantan, todos tienen algún espacio como actores más o menos expuestos, y casi todos se mueven sobre el escenario como bailarines. Con la base de músicas originales que siempre suenan como incidentales más que como piezas consumadas y cerradas, tocadas y cantadas por ellos mismos, van desplegando una serie de números coreográficos que rondan por el espíritu y las figuras del tango. Se baila un tango estilizado, altamente coreografiado con toques de danza contemporánea, sin que suene tango; a lo sumo se deja escuchar alguna milonga. Y el total se va armando con pequeños sketches de baile, música y actuación sin que el argumento, o siquiera la línea conceptual, logre conectar del todo con las explicaciones del programa.
Hay erotismo polisexual en distintos números bailados; en tal sentido, Natalia Fures y Solange Chapperon, se llevan las mejores palmas. Hay emoción por algún momento actoral, como el de Fures. Hay humor absurdo que a veces pasa la raya hacia la tontería presuntuosa. Y hay un profundo trabajo de ensayo que permite que, aun con muy escasos recursos materiales, todo salga prolijo y cuidado.
"Cram" es un espectáculo propio del "off". Rompe la hegemonía del clásico show de tango. No es una puesta teatral clásica. Lo mejor está en el baile pero no es un tradicional espectáculo de danza. Y todos tocan pero no se ven grandes músicos. Y el balance es positivo, sobre todo para públicos que andan buscando cosas diferentes en una Buenos Aires de oferta muy amplia.


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