23 de abril 2013 - 00:00

Crece presión para resucitar economías

Ben Bernanke
Ben Bernanke
La reunión de ministros de Finanzas en Washington confirmó el viraje: las políticas de estímulo vuelven a la palestra con la bendición oficial del G-20. La economía mundial de tres velocidades, como la definió Christine Lagarde, mandamás del FMI, se desacelera en los tres planos. Y urge sincronizar un cambio de "máxima potencia". La austeridad no funcionó. El estímulo, se podría agregar, tampoco. No en la medida esperada. Después de todo, la pesadez subsiste. Pero en la pulseada con las políticas de austeridad, la receta reflacionaria sacó amplias ventajas. El Fondo lo admitió en octubre cuando recalculó la magnitud de los multiplicadores de la política fiscal. Shinzo Abe lo llevó a la práctica en noviembre al asumir en Japón. En Europa, es el clamor de los países mediterráneos asfixiados por la doble recesión. Y ayer el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, se atrevió a decir que el programa de consolidación fiscal "ha llegado a sus límites sociales y políticos". Europa necesita, "un énfasis mayor en el crecimiento y en las políticas para lograrlo".

¿Quién se resiste? Ya no se escriben, como hasta un par de años, las docenas de artículos a favor del ajuste fiscal como estrategia para salir de la crisis (o evitar otra mayor). Esa literatura ha hecho mutis por el foro hasta mejor oportunidad. El "paper" señero de Reinhart y Rogoff es hoy relativizado por su metodología de estimación y por un burdo error de planilla de cálculo (sin afectar en demasía las conclusiones de fondo). Pero hay que entender que fue allí que se estableció el Rubicón de la deuda pública en el umbral del 90% del PBI. Y ésa es la frontera que la Unión Europea acaba de cruzar. Por último, el derrumbe del oro vale como un tardío pronunciamiento de los "vigilantes" de la estabilidad de precios. La pesadilla de la inflación ya no los tortura de noche. ¿Quién se opone, pues, a desmovilizar la austeridad? Alemania. Y los legisladores del partido republicano en EE.UU.

No hay programa reflacionario más agresivo que las Abenomics de Japón. Y el G-20, a diferencia del G-7 en su comunicado especial de febrero, no dijo esta boca es mía. Las consecuencias cambiarias -incluyendo la deliberada depreciación del yen- no motivaron comentario. El que calla otorga. Lo que Japón impulsa está permitido. ¿Se concede así la vía libre a la guerra de monedas? No. Es la misma lógica que usó Ben Bernanke para defender el QE2 (mucho más criticado, en su momento, que el propio QE3). Es fomentar, si se quiere, una guerra distinta: la de los estímulos. En ese sentido, toda la presión recae sobre Europa.

¿Qué se perfila hacia adelante? La Fed mantendrá el QE3 a toda vela. El Gobierno no pudo evitar el ajuste fiscal, y ésa es una fuerza que podría restarle hasta un punto y medio al crecimiento del PBI en 2013. Y todavía se puede chocar contra el "techo" de la deuda en el Congreso. La actividad económica, a su vez, no logró evitar otro bache de primavera. Bernanke no le quitará el spinnaker al QE3 hasta tener la certeza de haber dejado atrás las dos amenazas. Los planes de la Fed pasan por comenzar a replegar el estímulo antes de diciembre, pero eso es condicional. La inflación en EE.UU. está bajando, y si el descenso continúa, la dosis de QE3 debería aumentar, y no recortarse. James Bullard, el presidente de la Fed de St. Louis, es de esa opinión. Y conste que Bullard no está enrolado entre las palomas. No promovía el QE3 cuando se lanzó.

Las políticas de estímulo son más oportunas allí donde rigen las prescripciones de la austeridad. Europa es el terreno que deben conquistar. En ningún otro confín la compra masiva de bonos públicos rendiría más frutos que en España e Italia. Ya se comprobó, desde que Mario Draghi prometió la injerencia del BCE, que la mera posibilidad de una intervención firme es capaz de disuadir la corrida contra la deuda soberana. Pero la eurozona necesita más: las tasas largas deben bajar con ahínco en el Mediterráneo para que además mejoren las condiciones de financiación de empresas y bancos, y las perspectivas de ponerle fin a la recesión. La promesa de Draghi precisa concretarse en acción. ¿Qué puede esperarse? El Bundesbank (en un reportaje a su titular) ya le dio un guiño a una baja de tasas de interés en la próxima reunión del BCE. ¿Estímulo a gran escala? La canciller Merkel contestó la semana pasada: "Alemania no tiene la fortaleza para lanzar otro paquete sin correr el riesgo de perder la confianza de los mercados". Prefiere correr los problemas de atrás. Como anticipa Barroso cuando sugiere que los países que no cumplan con sus metas de déficit fiscal recibirán "más flexibilidad". Habrá estímulo de prepo, pues, en los sorbos que imponga la realidad.

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