23 de diciembre 2011 - 00:00

Crisis es ante todo política

El problema europeo es más político que económico. El economista norteamericano Martín Feldstein publicó recientemente una nota donde señala el talón de Aquiles de la Unión Europea. Ésta carece de un sistema fiscal centralizado: cada Gobierno gasta y recauda por su cuenta. En cambio, cuando la actividad económica en un estado de los EE.UU. se desacelera en relación con el resto del país, los impuestos que sus ciudadanos y empresas pagan al Gobierno federal disminuyen, pero los fondos que reciben del Gobierno federal (en concepto de beneficios por desempleo y otros programas de transferencia) aumentan. Nada de esto sucede en los países europeos.

Una recaudación centralizada implicaría poner un mayor peso sobre los contribuyentes alemanes para financiar los programas de gobierno de los otros países. Hasta ahora, Alemania ha aceptado con gusto los beneficios de la Unión Europea -le exporta sus productos al resto de Europa- pero parece poco dispuesta a soportar sus costos.

Esto también implicaría una cesión, por parte de los países, de buena parte de la soberanía fiscal de que hoy gozan y que les ha permitido a varios endeudarse más allá de sus posibilidades de repago.

Los 27 países que conforman la Unión Europea tienen una deuda conjunta que representa el 80% del PBI de esos países. Para los 17 que integran la zona del euro es de un 85%. Es decir, ni la Unión Europea ni la eurozona deberían tener problemas para manejar la deuda si fueran un solo país. El problema lo tienen países individuales como Grecia, que llegó a tener una deuda del 150% de su PBI, Italia (119%), Bélgica (97%), Irlanda (96%) y Portugal (93%). Pero sin la ayuda del resto, caerán, más temprano o más tarde, en default.

¿Estará dispuesta Estonia (6,7%) o Luxemburgo (20%) a aportar fondos para rescatar la deuda de aquellos países?

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