15 de junio 2010 - 00:00

Cristina ahora lleva la moda en la cabeza

Una imagen vale más que mil palabras: Cristina de Kirchner con un cabrito clonado en brazos y el gorro rojo en la cabeza, como para no pasar inadvertida.
Una imagen vale más que mil palabras: Cristina de Kirchner con un cabrito clonado en brazos y el gorro rojo en la cabeza, como para no pasar inadvertida.
A Cristina de Kirchner se le subió la moda a la cabeza. Después de tanto detalle en las prendas, a la Presidente ahora se le dio por ensayar con los sombreros. Seguramente, se aburrió de ensayar con la ropa, las joyas y las carteras y por eso ahora incorporó un nuevo adorno a su ajuar. El jueves pasado apareció en la inauguración de un laboratorio de clonación de cabras con un gorro rojo de fieltro con un gran moño de terciopelo, de esos que se usaban en los años veinte. Como si fuera una actriz de la época dorada de Hollywood, hizo su aparición en el acto con ese tocado que le cubría la cabeza y que no se sacó en toda la tarde.

Ese accesorio, que tiene una larga historia, ahora forma parte del guardarropas presidencial. Históricamente, fue usado como defensa contra el frío o el sol y también como objeto decorativo. Se lo utilizó en la antigüedad para diferenciar clases sociales y forma parte de religiones o rituales. Sus inicios datan del imperio egipcio. En aquella época los faraones se cubrían la peluca normalmente con el Nemes, una especie de cofia de tela que se utilizaba en sustitución de las pesadas coronas. Pero el sombrero como elemento decorativo nace en Europa en el siglo XVI. La nobleza y las clases adineradas lo llevaban sobre sus cabezas como complemento refinado de sus ostentosos vestuarios.

Pero Cristina de Kirchner, a la hora de elegir el propio, debe haberse inspirado seguramente en un ejemplo más moderno: el de Jackie Kennedy -que desde que asumió como primera dama también incorporó como propio Carla Bruni-. Aunque la estadounidense, a diferencia de Cristina, prefería el gorro tipo tocado, pequeño y discreto. O tal vez quiso sentirse poderosa como las mujeres de la realeza, que por protocolo deben siempre llevar un sombrero cubriendo las melenas en cada evento social del que participan, con modelos que tienen hasta 15 centímetros de ala y exhiben plumas y piedras preciosas.

Habrá leído la Presidente que las gorras volvieron a estar de moda en esta temporada otoño-invierno.

Una lástima que el modelo que eligió Cristina de Kirchner era demasiado llamativo. La cabeza adornada en rojo furioso y el moño le daban un toque adolescente a su apariencia que poco tiene que ver con la sobriedad que debe tener el ajuar presidencial. Al menos, con el accesorio logró lo que buscaba: todas las miradas de los presentes se posaron en ella, asombrados por la novedad en el look de la mandataria.

Para colmo, sumó más excentricidad a su imagen al mostrarse con un cabrito en brazos. Seguramente su amor por los animales pudo más que el protocolo y se animó a alzar al animal, un ejemplar clonado. Aunque en realidad lo de Cristina son los perros. La semana pasada adoptó varios, pero no se sabe cuántos fueron porque primero dijo que eran diez cachorros y luego sostuvo que eran once. Tanta incertidumbre por la cantidad de perritos de la Presidente despertó la burla de algunos opositores, que por lo bajo sostenían que seguramente sea Guillermo Moreno quien además de relevar la inflación le cuente las mascotas a Cristina, y hasta ese dato distorsione. La escena con la cabra terminaba de darle un aspecto aniñado y recordaba a la protagonista de los dibujos infantiles Heidi, que vivía rodeada de cabras y ovejas.

Pero la elección del accesorio no fue, esta vez, una cuestión de tendencia. El detalle en el peinado era en realidad una excusa para cubrir la melena. Es que entre tanto viaje, evento y reunión, la dama no tuvo tiempo de recibir a su coiffeur, Alberto Sanders, en la Casa Rosada, y no pudo retocar sus raíces con tintura. Por eso se vio obligada a cubrirse el cabello con el sombrero.

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