Cristina desdijo a Moyano: están casi en el “fifty-fifty”

Edición Impresa

Tras la cumbre en Casa Rosada en la que reclamó «racionalidad» en la negociación salarial y bromeó con el fallido de Hugo Moyano sobre los «tiroteos» -«quise decir tironeos» aclaró sonriente el camionero, Cristina de Kirchner desdijo ayer al jefe e la CGT.

«Los trabajadores casi están llegando al fifty-fifty del PBI» aseguró la Presidente en Tres de Febrero. Fue una respuesta al reclamo de Moyano el viernes, durante el acto por el Día del Trabajador, donde prometió «lograr el fifty-fifty del que hablaba Perón». El sindicalismo añora los 70 porque, según sus registros fue en esa década -en concreto en 1975- cuando la división de participación en las ganancias entre el capital y los trabajadores era igual: mitad y mitad. Juan Perón hablaba de «fifty-fifty».

A horas del encuentro del lunes entre Cristina de Kirchner -estuvo escoltada por Amado Boudou y Carlos Tomada- y la cúpula cegetista, del que el moyanismo salió «autorizado» a «operar» la ley de reparto de ganancias, la Presidente marcó una diferencia semántica con Moyano.

En rigor, hablaron de lo mismo desde distinto prisma: mientras el camionero planteó que se evoluciona hacia la exacta división entre los trabajadores y el capital, la mandataria lo enfocó como que eso «casi» se logró. Él lo leyó desde lo que falta; ella de lo logrado.

Fue un matiz tenue; una diferencia de enfoque pero responde a una lógica básica K: no aceptar, y menos de aliados, objeciones o reclamos públicos. Por eso, ayer habló de que el país tiene el «mejor» salario mínimo «de la región». Puntualizó: «Los trabajadores participan del 48,1% del PBI».

Ayer, en CGT analizaban con optimismo el encuentro en Gobierno con Cristina de Kirchner. Las palabras presidenciales desde Tres de Febrero -reducto del metalúrgico Hugo Curto- también fueron bien recibidas.

Luego de una temporada de aislamiento, Moyano anotó como variable saludable el guiño para que los gremios impulsen en el Congreso la ley de reparto de ganancias. Así lo interpretaron aunque, asumieron, la Presidente anexó un planteo al hablar de «racionalidad» y «acuerdos mínimos».

Simple: el moyanismo entiende que Cristina de Kirchner no quiere aparecer como promotora de esa norma aunque tampoco la bloqueará. Dependerá de la destreza gremial para conseguir avales, hacer concesiones y modificar, de ser necesario, el texto original.

De la cumbre también se llevaron otra promesa: el respaldo de la Casa Rosada a la ley que regula las prepagas. «Nosotros queremos un estricto control sobre las obras sociales, pero también sobre las prepagas» intervino el canillita Omar Plaini. «Estoy de acuerdo» respondió la Presidente.

Uniones

Con agenda activa en el conurbano -casi un anticipo de campaña, aunque combina actos presenciales con mensajes vía teleconferencia (ayer le tocó a Avellaneda)-, Cristina de Kirchner recordó el acto de la CGT pero se enfocó en particular sobre la presencia juvenil.

«Los jóvenes ayudan a repensar cosas y nos comprometen a seguir adelante. Por eso los convoco», dijo en lo que se interpretó como una argumentación pública a la incorporación de dirigentes jóvenes en cargos de gestión que bendijo en los últimos tiempos, en general provenientes de La Cámpora.

La referencia de la Presidente a sectores juveniles es observado desde el PJ y la CGT, aunque cada uno tiene su rama de juventud, como un indicador intrigante: gruñen, por caso, cuando de Casa Rosada filtran el rumor de que la Presidente pondrá candidatos jóvenes en todas las listas.

Fue el pie además para otra referencia política. Al citar a Ramón Carrilo -así se llama el hospital que visitó ayer- remitió a Arturo Jauretche, recordó a la Unión Democrática y una movilización contra Juan Perón. «Jauretche -contó Cristina de Kirchner- estaba con un amigo que le preguntó: Arturo, son muchos ¿no te parece?. Sí, son muchos, pero no hay jóvenes y ningún movimiento político puede llegar al triunfo sin jóvenes».

Dejá tu comentario