Cristina durmió la interna y ningún partido se quejó

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Tal como sucedió en 2003, la reforma política sigue sin debutar y todo indica que no lo hará en este turno electoral. Hay diferencias legales entre lo que sucedió en ese momento y ahora, pero no tantas en el fondo. Mientras Eduardo Duhalde suspendió a fin de 2002 la aplicación de la ley de internas abiertas (versión aprobada cuatro meses antes) por una ley que hizo votar al Congreso en medio del incendio electoral de ese fin de año, Cristina de Kirchner esta vez no tocó una letra de la reforma electoral que lanzó en 2009, cuando el resultado del 28 de junio apuró un refresh en la política. Pero los efectos de esa norma que prometía reformar de fondo las prácticas políticas quedaron en su mayoría en suspenso; salvo en lo que toca a validar los partidos que pueden llegar a la elección general por cantidad de votos y el manejo de los fondos y espacios para la campaña.

Vacancia

Lo cierto es que en el país las primarias abiertas y obligatorias para candidatos a presidente y vice serán una formalidad y hasta quedan vacantes también las de diputados y senadores, como lo ordena la ley, porque todos los partidos hicieron suficientes enjuagues antes para llegar al 14 de agosto con un candidato único.

La elección en la Ciudad se rige por el antiguo Código Electoral que prevé un mecanismo de internas para elegir candidatos. Pero éstas no son obligatorias: de hecho, la elección del PJ Capital debió haberse hecho en marzo y se la dejó de lado. ¿Por qué? Básicamente por lo que se conoció el fin de semana: para que el dedo presidencial eligiera la fórmula porteña. No va Amado Boudou y sí un mix entre Daniel Filmus y Carlos Tomada, todo decidido sin que los propios interesados fueran consultados de antemano.

Aunque fuera como ejemplo, ya que en la Capital no hay obligación legal, hubiera sido interesante que el peronismo, el radicalismo, Proyecto Sur, la Coalición Cívica o el macrismo ensayaran una elección para decidir al menos las listas de legisladores.

Comodidad

Pero aunque exista obligación por la Reforma Política, tampoco alguno de esos partidos tendrá una primaria real y competitiva para la presidencial o los cargos legislativos nacionales. Por el contrario, se tomó el camino más cómodo: donde hay diferencias se presentaron colectoras, esterilizando la competencia.

Ésa es, quizás, la estocada más mortal que Cristina de Kirchner le dio a su criatura, la reforma política: habilitar las listas de adhesión en la reglamentación de esa norma para partidos, acomodándose a las necesidades en la provincia de Buenos Aires. O lo que es igual: por Martín Sabbatella el kirchnerismo terminó desatando una orgía de colectoras a la que se subieron todos los partidos, en especial el radicalismo en grado de tentativa, por ahora.

Decepcionante

El esquema, así planteado, resulta una decepción, sobre todo para quienes creyeron los argumentos de la propia Cristina de Kirchner al presentar el proyecto de reforma: «En las últimas elecciones, en ninguno de los partidos políticos, ni chicos ni medianos, ni nuevos ni viejos, hubo elecciones internas. La última vez que hubo elecciones internas en un partido político fue en 1999 con la Alianza y resultó electo... ustedes lo recordarán (Fernando de la Rúa). Con lo cual, dejar en manos únicamente de los partidos la designación de sus candidatos me parece que no es suficiente garantía de estabilidad democrática. Creo que es un tema a discutir. Vamos a trabajar fuertemente en este tema». Lo dijo la Presidente el 9 de julio de 2009 mientras festejaba la Independencia en Tucumán.

Por si falta algún argumento para entender la decisión presidencial, ese mismo día abundó: «Estoy segura de que con el resto de los partidos políticos vamos a podernos dar una reforma política para que sea la sociedad la que pueda también decidir».

Quedaron claras las intenciones de entonces, que no fueron las que se consagraron este fin de semana. De los 14 candidatos a jefe de Gobierno porteño que se presentaron este fin de semana ninguno fue a una interna ni lo irá; los problemas se solucionaron con colectoras para legisladores. Lo mismo sucede para vicepresidente y vice a nivel nacional y pasará con diputados y senadores. Es el saldo de la ley que la Presidente defendió en 2009 como solución a las peripecias políticas en las que ella estaba inmersa.

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