31 de agosto 2010 - 00:00

Cristina firmó ley de Solanas, sin Solanas

Luis Puenzo
Luis Puenzo
Cristina de Kirchner firmó ayer el decreto que reglamenta la creación de la Cinemateca y Archivo e Imagen Nacional (CINAIN), ente autárquico y autónomo que dependerá de la Secretaría de Cultura de la Nación, y cuyo impulsor es hoy, paradójicamente, un adversario del Gobierno, Fernando Pino Solanas. Todo un reconocimiento: cuando la Presidente analizó la derrota del peronismo el 28 de junio de 2009, justificó el resultado en que sus candidatos debieron sostener las consignas de Solanas, quien les habría robado a sus votantes. ¿Tomará el Gobierno más consignas solanistas para mejorar su perfil en el mercado electoral?

El director de «La hora de los hornos» fue el primer legislador que promovió la creación de esta Cinemateca, y su proyecto inicial, aprobado por unanimidad en las dos cámaras, fue vetado en 1999 durante el mandato de Carlos Menem. Sin embargo, Solanas insistió y obtuvo poco después que ambas cámaras ratificaran por unanimidad dicha ley, la número 25.119, nunca reglamentada hasta ayer. Claro, sin su impulsor en el acto.

En Casa de Gobierno participaron de la firma Jorge Coscia; la titular del Incaa, Liliana Mazure; los directores Juan José Campanella, Luis Puenzo y David Blaustein, y el investigador y restaurador de cine Fernando Martín Peña, entre otros.

«La decisión de no invitarnos al acto provino del Incaa, y ni Pino ni yo vamos adonde no nos invitan», dijo ayer a este diario el diputado Julio Raffo, productor de Solanas y representante de Proyecto Sur en la Legislatura porteña. «Mucha gente del cine vino a disculparse con nosotros por la falta de invitación al acto en Casa de Gobierno. Algunos estaban abochornados y hasta querían interceder pero, en fin, ellos no tienen nada ver. Les dije que se quedaran tranquilos. Para nosotros es una alegría que esta ley que tanto impulsamos haya sido al fin reglamentada».

En una conferencia de prensa celebrada en el hotel NH poco después de la firma, Mazure dijo escuetamente a este diario que «Solanas fue invitado». Durante la reunión de prensa, ni ella ni Jorge Coscia mencionaron al impulsor de la ley, pese a que el secretario de Cultura manifestó que «hay que reconocer a todos los pioneros en gestar este proyecto», aunque sin dar nombres. De todos los disertantes, los únicos que mencionaron a Solanas fueron el cineasta e investigador de Aprocinain Hernán Gaffet, quien sumó a Raffo en su recordatorio, y Luis Puenzo, que manifestó: «Habla bien del país que un proyecto de nuestro compañero Pino termine siendo firmado por Cristina». Sin embargo, pese a la euforia reinante en el NH, nadie aplaudió el nombre del realizador de «El exilio de Gardel» durante las dos menciones.

La iniciativa de Solanas, que data de varios años antes a su presentación en el Congreso, fue rápidamente acogida hacia 2001 por un grupo de investigadores y técnicos capitaneados por Fernando Martín Peña, quienes crearon Aprocinain (Asociación de Apoyo al Patrimonio Audiovisual y Cinematográfico), desencantados también por la ya por entonces debilitada labor de la entidad privada Fundación Cinemateca Argentina.

A lo largo del tiempo, Aprocinain rescató miles de latas que se arruinaban en diferentes depósitos, como los de los desaparecidos laboratorios Alex y en el subsuelo de la ENERC (Escuela de Cine del Incaa). Además de Peña, también fue fundamental la labor de Octavio Fabiano, fallecido en 2003.

Entre las muchas películas que rescató Aprocinain y que ahora formarán parte de la Cinemateca Nacional figuran el western argentino mudo «Mi alazán tostao» (1923), de Nelo Cosimi; «Hasta después de muerta», de Ernesto Gunche, Eduardo Martínez de la Pera y Florencio Parravicini (1916), «El curandero», de Mario Soffici (1955); «Escala en la ciudad», de Alberto de Zavalía (1935); «Explosivo 008. Dr. Recalde, penalista», de James Bauer (1940); «Horizontes de piedra», de Román Viñoly Barreto (1955); «Los jóvenes viejos», de Manuel Antín (1961); y «El último perro», de Hugo del Carril (1954).

Según cálculos de especialistas, se ha perdido el 90 por ciento del cine mudo argentino y cerca del 50 de sonoro, aún cuando estas cifras son aproximadas. Los cargos de director y vicedirector de la CINAIN se determinarán en las próximas tres semanas por concurso de antecedentes. En principio, el nuevo organismo funcionará en una dependencia del Incaa, hasta que encuentre lugar propio. La CINAIN se ocupará de preservar el «acervo audiovisual», y para ello cada producción deberá disponer de una copia para su conservación.

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