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Cristina frenó a un exorbitado Chávez que anuncia guerras
Hugo Chávez reverencia con un saludo militar al veterano Raúl Castro. A su lado, Cristina de Kirchner sonríe, aunque antes había discutido con el venezolano por sus anuncios de guerra.
El bolivariano, con cara seria y sin sus humoradas habituales, dijo que la región está a las puertas de «una nueva tragedia», comparando la situación con las luchas independentistas que comienzan a cumplir el bicentenario.
«Es muy doloroso plantearlo», bramó Chávez. El tema de la instalación de bases militares se convirtió así en el capítulo más polémico de la reunión de presidentes sudamericanos de Ecuador, condenando, en ausencia, al colombiano Uribe, prudentemente ausente ayer en Quito, donde no es muy bienvenido desde hace al menos un año.
En conjunto, la argentina Cristina Fernández de Kirchner y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva propusieron una cumbre de jefes de Estado de la región, en un país neutral, «donde Uribe no se sienta perseguido o condicionado», según la argentina. El ecuatoriano Correa propuso entonces inmediatamente que esa cumbre se realice en Buenos Aires, aunque el gobierno argentino anoche barajaba la posibilidad de Bariloche. El encuentro de ayer tomó así un clima antinorteamericano, y obviamente anticolombiano.
Chávez había señalado a los Estados Unidos como los culpables de la desestabilización de la región, y atribuyó al Gobierno de Barack Obama responsabilidad por el golpe de Estado que destituyó al hondureño Manuel Zelaya el 28 de junio pasado. Según el venezolano, la orden de invadir el país centroamericano, provino de la base militar de Palmerola.
«La zona se siente amenazada», continuó el venezolano, ahora embistiendo directamente contra su par colombiano, recordando que «hace poco» bombardeó Ecuador, y que si se repite una acción similar «con la presencia además de bases norteamericanas en la región, no dudará en «defenderse militarmente ante cualquier ataque colombiano».
Embistió otra vez contra Uribe diciendo que «ahora se siente más guapo porque tiene las bases norteamericanas», lo que puede «generar una guerra» que Venezuela «reprimirá contundentemente». Solemne, Chávez dijo que cumplía con su «obligación moral de alertar».
Bajó luego algo el tono y dijo que «no queremos una guerra» y «ojalá podamos conversar, con menos gente, sin corbata y entre iguales», con lo que invitaba a que los presentes en la cumbre organizaran un encuentro de jefes de Estado de la región con Uribe en territorio neutral. Habló luego el dueño de casa, disculpándose por no haber incluido el tema en la agenda original, diciendo que fue por respeto diplomático a Michelle Bachelet, su antecesora en el bloque.
Sin embargo, inmediatamente tomó el mismo tono bolivariano de Chávez y se dedicó a embestir contra su vecino colombiano. Dijo que se trata de «un asunto extremadamente grave» y que «no hay país al que le preocupe tanto como a Ecuador». Resumió, finalmente, que «en Colombia hay paramilitares, terrorismo, narcotráfico y narcoterrorismo, y ahora bases militares norteamericanas».
Tomaron en ese punto la palabra Cristina Fernández de Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva para proponer una reunión de presidentes de la región para debatir el conflicto. La Presidente argentina, que para el momento en que Chávez tomó la palabra para embestir violentamente contra Uribe estaba en el patio central del Convento de San Agustín y entró inmediatamente ante el aumento del volumen del bolivariano, mencionó la última reunión con Uribe en Buenos Aires, que no había tenido los resultados esperados y que la decisión del colombiano «está creando un estado de beligerancia inédito e inaceptable».
Recordó que la última situación similar se registró entre la Argentina y Chile por el conflicto del canal del Beagle y otro por la guerra entre Ecuador y Perú. Ninguneó luego a la viceministra de Colombia, Clemencia Forero, enviada de Uribe a la cumbre, y dijo que esto se debe tratar entre presidentes. El problema no es militar, sino político. «Se torna imprescindible convocar a una reunión de presidentes», completó la jefa de Estado y recibió luego la bendición de Correa para organizarla en Argentina. La exposición de Cristina de Kirchner terminó con un mensaje hacia Estados Unidos: «No podemos permitir que además de que nos hayan exportado la crisis económica y la gripe; ahora nos planten una situación beligerante en la región. Es altamente mortificante».
Antes Lula dijo que ponía todas las esperanzas en la cumbre que se podría organizar entre los jefes de Estado sudamericanos y pidió, sin mirarlo pero refiriéndose a Chávez, evitar los discursos violentos. Invitó además a Obama, con el que tiene muy buena sintonía, a que explique «la relación que quiere tener con la región». Eventualmente, el norteamericano podría incluso participar de la cumbre de Buenos Aires.
La historia no terminó allí. Cristina Fernández y Hugo Chávez se trenzaron en una discusión, ademanes visibles incluidos, en el momento de sacar la foto oficial en los jardines del Convento. Aparentemente, el tono beligerante que el bolivariano le imprimió a la verba anticolombiana, molestó a la Presidente argentina.
En cualquier caso, las estridencias chavistas no llegaron a buen puerto. La cumbre no emitió una declaración formal contra las siete bases del Pentágono en Colombia como había propuesto el boliviano Evo Morales, quien había exagerado diciendo que era «obligación» de UNASUR «salvar al pueblo colombiano de los militares norteamericanos».
La colombiana Forero trató de atajar el aluvión de críticas que recibió tanto del núcleo chavista como del eje moderado. «No ha habido ni habrá bases militares extranjeras en Colombia. Ni las hemos pedido, ni los Estados Unidos piensan instalarlas». El argumento de Uribe, algo tardío después de encender la mecha, es que el acuerdo con el Pentágono se restringe a utilizar bases militares ya existentes y no a crear nuevas.


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