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Cristina: ha sonado ya la hora de los estampados recargados

Es una tendencia que se impone esta temporada en la primavera europea y que Cristina de Kirchner, «una fashion victim», la adoptó para modernizar su ajuar. Pero claro, todo estilo parece desdibujarse en su vestidor.
La dama intentó recrear con su modista esa estética que proponen desde las pasarelas las firmas más destacadas de la moda como Dolce & Gabbana, Roberto Cavalli, Marc Jacobs, Alexander McQueen, Chloé y Balenciaga, quienes inspiraron sus colecciones en obras de pintores como Julian Schnabel y Salvador Dalí. Lástima que Cristina de Kirchner aún no comprenda que, como ocurre con toda obra de arte, las copias nunca son tan buenas como los originales y no se haya dado cuenta de que su versión no era más que un mix incomprensible de motivos y colores. Esos errores pueden en varios casos rozar lo ridículo, especialmente cuando nada tienen de los conceptos vanguardistas, barrocos, art nouveau y decó que caracterizan al «print arty». En todo caso, los modelos se parecían más a los extraños diseños que los jóvenes estudiantes de las carreras de indumentaria exponen a fin de año que a creaciones exclusivas.
Y, como es usual en ella, esperó para estrenar la novedad de su guardarropas en su viaje a Trinidad y Tobago. Partió el viernes pasado, desde Aeroparque con pantalón negro, «trench camel» a rayas azules, «foulard» y un maxibolso de charol negro de Chanel. Hasta ahí, un outfit sobrio como el que la caracterizó en los últimas semanas. Pero, como una actriz que se viste al son del personaje, cambió su estilo no bien pisó tierra centroamericana.
Dibujos
Para la apertura de la Cumbre de las Américas, un vestido camisero de falda tableada con estampado escocés en bordeaux y azul. Prolijo y moderno, salvo por los excéntricos dibujos de estilo folk, pintados a mano, que aparecían en la parte inferior de la pollera, en tono amarillo, verde, rojo y naranja, que poco tenían que ver con el resto de la prenda y que, como si fuera poco, hasta se reproducían en sus zapatos.
Más tarde, para la foto oficial, un vestido de seda sin mangas en marfil, amarillo y verde con dibujo en efecto acuarela o batik (como el de los hippies) que, combinado con el tailleur verde loro, la mostró extremadamente llamativa, sobre todo al lado de sus pares -todos vestidos en neutros-, incluso Michelle Bachelet, que desde hace algunos meses se anima a las paletas estridentes, pero que para la ocasión, prefirió la sobriedad del camel. Completó, eso sí, con cartera beige de Dior.
Como para asegurarse de no pasar inadvertida, al visitar la residencia presidencial de Puerto Príncipe, Cristina de Kirchner apeló al rosa Dior en la falda al vies, junto con una camisa rayada en fucsia de solapa ancha, cinturón para resaltar el talle avispa y stilettos, por supuesto, engamados. Sin embargo, olvidó, por primera vez desde que es presidente, combinar la cartera que debería haber sido del mismo tono que la ropa, pero era de croco violeta. Ni decir que las rayas de la camisa no la favorecían, eran diagonales y, en ese sentido, lejos de afinar la figura, la hacen ver más voluminosa.
De regreso, insistió otra vez con el estilo de «print arty». El lunes, para la recepción de credenciales para embajadores, vistió una brillosa falda de seda con estampado de príncipe de gales en trazo dibujado (como si fuera pintado con pincel) en rojo, blanco, violeta, gris y negro, que combinó con un tailleur púrpura.
El miércoles, de nuevo el estampado, pero esta vez algo más clásico y demodé: un saco color champán con flores labradas en hilos de oro, todo muy recargado.
Consultado por este diario, el diseñador Abel Lupo asegura que Cristina de Kirchner debería abandonar los estampados y utilizarlos en la gama de los degradé y esfumados» y agregó que «las líneas y pinceladas estructuradas como las que usó en los últimos días no la favorecen».


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