5 de abril 2010 - 00:00

Cristina hace ajuste, pero en su guardarropa

Cristina hace ajuste, pero en su guardarropa
Austeridad y economía en épocas de vacas flacas, y así la Presidente optó por reflotar viejos modelitos como un gesto en esa sintonía. Sacudió el vestuario de verano y también los fantasmas de los desaciertos, aunque conformó a los modistos que la acusan de frívola porque nunca repite los modelos. El martes, para inaugurar la segunda etapa de las obras de restauración de la Basílica de Luján apareció con el mismo vestido de seda azul marino en cuadrillé con estampado multicolor en la falda que ya había usado dos veces el año pasado. Un modelo difícil de olvidar por su estridencia. Lo estrenó el 17 de abril de 2009 para su discurso en la inauguración de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.

Lo repitió el 23 de diciembre pasado en un acto en La Matanza, y con los mismos zapatos que se mandó a hacer a tono con el dibujo del vestido, de taco aguja y en punta, modelo demodé.

Será que las quejas de los economistas por la creciente inflación la conmovieron a tal punto que Cristina de Kirchner decidió ajustar sus gastos en materia de ajuar. Es que debe ser agotador vivir sometida a tan estricto régimen -que ella misma se impuso- de no renovar a diario el vestuario, regla que cumple a rajatabla.

Con la repetición, también regresaron viejos errores en el look presidencial. Debería tener en cuenta la Presidente, que las tablas y faldas plisadas como las del vestido que usó el martes y el lunes para la presentación oficial del Rally Dakar 2011, no la favorecen, porque suman volumen a las caderas. Además, dirige toda la atención visual hacia esa zona, en vez de disimularla. Mejor sería que optara por los vestidos de falda recta. De nada sirvió que eligiera el corte imperio o corte princesa como se lo conoce habitualmente, porque ese tipo de prendas disimulan la pancita. Tampoco los cinturones para resaltar el talle avispa; todas estas estrategias quedaron neutralizadas por el efecto de las tablas.

Además, los colores chillones como el naranja fluorescente que vistió el lunes, tampoco son apropiados cuando se quiere disimular las curvas. Esos colores sólo se lucen en las extremadamente flacas. Lo sabe Débora Giorgi y por eso la ministra de Producción abusa de esas paletas que permanecen fijadas en la retina por lo llamativas.

Cristina de Kirchner debería destinar su tiempo libre no sólo a cuidar su figura con largas sesiones de contractores o gimnasia, sino también para aprender cuáles son los modelos que les convienen a sus caderas anchas. O al menos dejarse asesorar por especialistas en imagen que ahuyenten de su vestuario los viejos desaciertos que la persiguen como fantasmas.

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