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Cristina irrita con colectoras y siembra temor en oficialistas
Martín Sabbatella, Ariel Basteiro, Luis D’Elía
Hasta los bloques oficialistas en el Congreso, que también se juegan su subsistencia en octubre, entraron ayer en alerta, en especial desde cuando la Presidente insistió con esa estrategia sentando en primera fila del acto en la Casa Rosada a Martín Sabbatella, Ariel Basteiro y Luis DElía. Más gestos de la Presidente, quizás solo eso, pero la repetición de esos incentivos a candidatos no pejotistas en la provincia para que se cuelguen de la boleta presidencial sin apoyar al peronismo local ya comenzó a provocar hartazgo, y no solo en el sciolismo.
Preocupación
No es ilógico que en el Congreso la preocupación sea mayor que en otros ámbitos del Gobierno. Allí el oficialismo menos obsecuente está acostumbrado a lidiar y negociar con Sabbatella, apoyo clásico de los últimos tiempos de toda necesidad que tenga el Gobierno en Diputados, ya sea para votar o para impedir votaciones.
Pero la preocupación central es el juego sobre el límite que plantea la Casa Rosada. Nadie olvida que esa estrategia de irritar a candidatos aliados alentando competidores para controlarlos fue una de las preferidas por Néstor Kirchner. El santacruceño exasperó a quienes se consideraban su mano derecha en muchas provincias alentándoles candidatos. Lo saben Miguel Pichetto en Río Negro y hasta el peronismo mendocino con Julio Cobos. Con esa estrategia de la concertación plural irritó al peronismo, pero logró votos radicales que fueron claves en la elección de 2007.
Pero se reconoce ahora que la situación política de la Presidente no es la misma, dentro o fuera del PJ. Es decir, su poder de presionar y esmerilar la estructura propia para garantizarse el voto aliado pero ajeno se volvió demasiado peligrosa, sobre todo para quienes siguen insistiendo en que Scioli no está convencido aún del rol que quiere cumplir en las elecciones de octubre.
Perturbación
Esa estrategia oficial de incentivar colectoras tiene, además, un elemento perturbador: si prosperan los cuestionamientos a ese sistema de listas, Sabbatella puede terminar sin su ilusión de apoyar a Cristina de Kirchner sin Scioli de por medio, y el Gobierno habrá ganado entonces dos enemigos.
La tensión quedó ayer clara escuchando las dos posiciones que se involucran en el asunto. Jorge Landau, apoderado del Partido Justicialista y diplomático como pocos, dio a su manera una voz de alarma: «Hay que ver cómo la voluntad política de los distintos espacios del frente que va a constituir el justicialismo va a participar. Sobre esta base tendremos que hacer la instrumentación jurídica respectiva».
Por si no alcanzaba, le envió un mensaje a Sabbatella: «Hay que ver en ese momento cuál es la voluntad política que se plasme en el frente que se constituya», pero le indicó al exintendente de Morón que, cuando llegue el momento, deberá definir si apoya la reelección de Cristina de Kirchner «en confluencia con el justicialismo o respaldando solamente» su candidatura. La diferencia es una guerra legal que ayer también agitó el peronismo bonaerense al recordar que las colectoras quedaron absolutamente prohibidas para la provincia de Buenos Aires.
Enfrente, Carlos Kunkel festejó la ocurrencia de Cristina de Kirchner de ayer y su incentivo a las colectoras: «Son cosas que se han hecho muchas veces en la política. En este caso es inapropiado hablar de colectoras. Hay una fórmula nacional, que es la que va a encabezar Cristina Fernández de Kirchner, y si en la provincia un partido provincial quiere adherir a la fórmula nacional, no hay mecanismo de impedirlo».
Esas declaraciones sobrepasaron la verborragia habitual de Kunkel: «Tampoco es para rasgarse las vestiduras, cada cual busca las mejores condiciones para desarrollar el proceso electoral en su territorio. No hay que dramatizarlo ni para un lado ni otro, sino darle a la ciudadanía la oportunidad de expresarse». Curioso argumento que abraza el vale todo legal para una situación en que el kirchnerismo más cerrado vuelve a soñar con un triunfo en octubre más allá del PJ, sin medir aún los costos.


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