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Cristina lleva a Alemania el último fasto del Bicentenario
Semana de distensión entre escritores y empresarios, de Fráncfort a Berlín y Hannover
Cristina de Kirchner
Además de su apretada agenda de encuentros con empresarios de los sectores automotor, farmacéutico y tecnológico, entre otros, reservados para los últimos dos días, el blasón del viaje serán sus palabras en la apertura del pabellón principal en la Feria Internacional del Libro de Fráncfort, consagrado este año a la Argentina como país invitado.
Acompañará a la canciller alemana Angela Merkel en el acto simbólico del corte de cintas, que dejará oficialmente abierto, a las 17, este pabellón de 2.500 metros cuadrados, que año tras año Fráncfort dedica a una nación distinta y en cuyo interior se
desarrollarán, hasta el domingo 10, las conferencias, exposiciones y paneles de debate alrededor del libro y la cultura argentinas.
Por la noche, en la Alter Opera (Ópera Vieja), asistirá a un concierto de gala con Daniel Barenboim y Rodolfo Mederos, en el que sonarán desde luego más tangos que obras de Mozart.
Clima festivo
Se descuenta que, este año, la ceremonia inaugural tendrá un clima más festivo y distendido que el de 2009, cuando el país invitado fue China, ocasión en la que las autoridades alemanas recriminaron la sistemática censura del Gobierno asiático contra las voces disidentes y los intelectuales. Una delegación de casi sesenta escritores fue invitada especialmente para la ocasión por la Cancillería argentina, representativos todos ellos de las más diferentes formas de pensamiento y posiciones literarias, aunque ninguno encarne la oposición más extrema.
Entre otros, estarán desde hoy en Fráncfort Griselda Gambaro (designada oradora central en la ceremonia), Osvaldo Bayer, Guillermo Martínez, Alan Pauls, Jorge Accame, Marcelo Birmajer, Leopoldo Brizuela, Pablo De Santis, Mempo Giardinelli, Tamara Kamenszain, Ivonne Bordelais, Sonia Cristoff, Diana Bellessi, Eduardo Sacheri, Juan Sasturain, Rafael Spregelburd, Luisa Valenzuela, Ana María Shua, Elsa Osorio, Silvia Plager, Claudia Piñeiro, María Negroni y Federico Jeanmarie. También viajarán Horacio González, director de la Biblioteca Nacional; Estela de Carlotto, por las Abuelas, y María Kodama por la memoria de Jorge Luis Borges.
La Cancillería, a través de la Fundación Exportar, auspicia también el stand argentino adicional, un espacio de 450 metros cuadrados, donde las editoriales nacionales mostrarán lo más selecto de sus fondos y harán, en el transcurso de la feria, anuncios novedosos sobre sus planes para el futuro.
Este acontecimiento, el más importante del planeta en el mundo editorial, nada tiene que ver con las ferias del libro de otros países, como la tradicional de la Argentina. Mucho más parecido a lo que en los festivales de cine internacionales es el sector del Mercado, la Buchmesse es el mayor foro de negocios del rubro editorial. A Fráncfort concurren más de 7.300 expositores de 100 países, tiene un total de 299.000 visitantes profesionales y la cubren 10.000 periodistas. El público no tiene acceso a sus instalaciones, salvo el último día, cuando se venden a precios reducidos o directamente se regalan los libros expuestos.
Aislamiento
En sus cinco días de duración, las ponencias intelectuales ocupan un lugar reducido, casi aislado en verdad, ya que de lo que aquí se trata es del futuro de alianzas, «pases» de bestsellers, convenios y lanzamientos a nivel mundial; en esta ocasión, mucho más que en las ferias de los años inmediatamente precedentes, el hot spot serán las plataformas digitales y el E-book, o libro electrónico, cuya expansión en el mercado de los Estados Unidos principalmente, y en segundo lugar en Europa, ha sido explosiva el último año, y hoy está en juego la guerra de formatos.
Después de un lunes libre, seguramente dedicado a caminatas recreativas por esta moderna y estratégica ciudad (cuyo pequeño centro histórico, de bello perfil medieval, no es más que una ilusión escenográfica para el visitante, ya que fue íntegramente reconstruido después de los bombardeos de la Segunda Guerra), la Presidente y su comitiva emprenderán viaje tras la jornada de mañana en Fráncfort a otras ciudades alemanas, como Berlín y Hannover.
En Berlín, además de las misiones comerciales, también se hará tiempo para visitar el resto de las exhibiciones culturales criollas que se montaron con ocasión de la Feria de Fráncfort: la retrospectiva de pintura tematizada en la Revolución de Mayo, «Realidad y utopía. Trayectoria artística de la Argentina desde el presente» (inaugurada en la Akademie der Kunste el viernes último) y la muestra de las vanguardias literarias argentinas, curada por Sergio Baur.
Pero Berlín, en esta OktoberArgentinienFest, albergará también otras dos exposiciones aun más telúricas, la de los «Mates de porcelana alemana para una tradición argentina», en el Museo Brohan de Arte Decorativo a partir del 14 de octubre, y la de las culturas del Gran Chaco, con fotografías de Grete Stern, que estuvo casi un año viviendo con las tribus de esa región. En Fráncfort se suman otras: las exposiciones «Vida judía en la Argentina: aportes para el Bicentenario», en el Museo Judío, muestra montada con la colaboración de la AMIA; «Tradición argentina: el arte de la platería desde el período precolombino hasta hoy», en el Museo de Arte Decorativo, y «Resistencia y cambio», sobre arte social.
La Feria del Libro también cuenta con un «campus» dedicado al fogueo de las plumas jóvenes (en los intercambios entre la Argentina y Alemania se hará hincapié en el desarrollo de las nuevas plataformas digitales), y se anuncia la realización por primera vez del Fráncfort Story Drive, jornadas de trabajo tendientes a la consolidación de las nuevas formas de expresión literaria que, cada vez más, desplazan el lugar reservado históricamente a la «torre de marfil» del escritor solitario: blogs, videos, juegos, «apps», foros de Internet, SMS, historietas.
El domingo 10, día de la clausura, se prevé el discurso de cierre de Juan Gelman, antes de la colocación del texto argentino en el «Scroll» (el Scroll es una escultura de madera y acrílico en la que los países, al aceptar su condición de Huésped Honorario en la Feria, depositan un texto para la posteridad). La Argentina lo hará con una sextina del «Martín Fierro» y el fragmento final de «Los Justos» de Borges, a saber: «Pido a los Santos del Cielo / que ayuden mi pensamiento / les pido en este momento / que voy a cantar mi historia / me refresquen la memoria / y aclaren mi entendimiento» y «El que acaricia a un animal dormido / El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho / El que agradece que en la tierra haya Stevenson / El que prefiere que los otros tengan razón / Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo».
Plausible elección, por cierto, que deja además en el pasado los controversiales y no literarios (aunque muy literaturizados) símbolos de la argentinidad que se habían elegido en agosto de 2008 para Fráncfort, es decir, dos años antes de la melancólica caída en el Mundial de Fútbol a cargo de Alemania (Maradona, Evita, Gardel y el «Che»).


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