19 de abril 2016 - 00:19

Cristina mapea la provincia y la proyectan en lista de 2017

• KATOPODIS, ISHII Y GRANADOS, LOS AUSENTES.
• LOS RUIDOS DE LA PREVIA.
• EL "VOLANTAZO" DE INSAURRALDE. LO QUE VIENE.

Cristina de Kirchner reunió ayer a más de 50 intendentes de la provincia de Buenos Aires, en otro movimiento para instalarse como jefa y referencia del peronismo opositor.
Cristina de Kirchner reunió ayer a más de 50 intendentes de la provincia de Buenos Aires, en otro movimiento para instalarse como jefa y referencia del peronismo opositor.
 En la segunda jugada política, Cristina de Kirchner produjo ayer la magia de juntar a casi todos los alcaldes del peronismo bonaerense. Sólo Gabriel Katopodis (San Martín), Alejandro Granados (Ezeiza) y el indómito Mario Ishii (José C. Paz) faltaron a la cumbre que convocó la expresidente en el Instituto Patria y amontonó a hiper-cristinistas como Patricio Mussi y Francisco "Paco" Durañona -a los que Cristina hizo sentar en primera fila- a peronistas clásicos como Verónica Magario, siempre escoltada por Fernando Espinoza, y a silvestres como Martín Insaurralde, de Lomas y Mariano Cascallares, de Brown.

Tras su regreso, con un acto tumultuoso, una reunión que juntó a casi el pleno del bloque de diputados -salvo José Luis Gioja, que le reza a la Cámara Nacional electoral para que anule lo actuado por María Romilda Servini de Cubría-, Cristina hizo pie en el territorio donde el peronismo quedó a la deriva, tras la derrota nacional y bonaerense, dinamitado internamente y sin una figura que los conduzca. En ese desierto, decidida a no ceder la centralidad y a antagonizar con Mauricio Macri, Cristina se paró en el centro del peronismo fuera del poder y ratificó una presunción: el PJ de la provincia, más allá de pataleos y rebeldías, marcha a alinearse detrás de lo que disponga la expresidente.

Hubo, es cierto, planteos más privados que públicos sobre el cambio de época, por la necesidad de "renovar el peronismo" y de cerrar el ciclo de relaciones tormentosas de los tiempos en que La Cámpora, con la protección de la entonces presidente, hacía y deshacía a su antojo en el armado oficial, del que formó parte el peronismo.

A modo de señal Oscar Parrilli, que preside el Instituto Patria, repartió las butacas y sentó en la primera fila a los ultra K Mussi, Durañona y Jorge Ferraresi (Avellaneda), y a Julio Pereyra (Varela) y Alberto Descalzo (Ituzaingó), relegando al G-8, que integran Insaurralde, Katopodis, Cascallares, Fernando Gray (Echeverría) y, entre otros, Juan Zabaleta (Hurlingham). Ese bloque surgió como expresión institucional del peronismo sin gobernador ni presidente para negociar con María Eugenia Vidal y tuvo, luego, su expresión legislativa que precipitó una crisis en los bloques del FpV de la legislatura bonaerense.

Ayer, como hizo con los diputados nacionales la semana pasada, hizo un diagnóstico de la situación política, económica y social de la provincia y luego cedió la palabra a los intendentes que fueron, uno a uno, aportando sus miradas. Anoche, en el entorno de la ex presidente, el dato que más destacaban era la concurrencia: a fin de la semana pasada, sólo estaban invitados los alcaldes K -unos 20- pero ayer asistieron, al final, 53 intendentes.

A los ausentes les tiraron piedras: a Katopodis le recordaron su cercanía a Sergio Massa, a Ishii sus habitual libre albedrío y sobre Granados se dijo que dejó de ser, en el concierto del conurbano, la figura relevante que fue como ministro de Daniel Scioli. El sciolismo miró la cumbre como un proceso irreversible: "Cuando fuimos al acto de Avellaneda, algunos de los que ayer fueron al encuentro con Cristina nos acusaron de quedar pegados al kirchnerismo".

Fue, coincidieron tres alcaldes, un primer encuentro que fijó reglas generales hacia adelante. Un intendente del interior se fue convencido de que al convocar a los jefes territoriales de la provincia, Cristina empezó a preparar su candidatura de senadora 2017. Y la invitación a Espinoza, como jefe del PJ, es un movimiento para "atar" los territorios y el partido para, desde ahí, evitar fugas en un futuro armado bonaerense para la elección del año próximo.

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