22 de septiembre 2011 - 00:00

Cristina pidió en la ONU control ante la crisis de capitales

El almuerzo de ayer en la sede de Naciones Unidas, organizado cada año por Ban Ki-moon, sirvió para limar asperezas con EE.UU. Cristina de Kirchner tuvo lugar junto a Hillary Clinton en la mesa.
El almuerzo de ayer en la sede de Naciones Unidas, organizado cada año por Ban Ki-moon, sirvió para limar asperezas con EE.UU. Cristina de Kirchner tuvo lugar junto a Hillary Clinton en la mesa.
Terminó anoche una maratón de poco más de 24 horas en Nueva York que le alcanzó a Cristina de Kirchner para hablar ante la Asamblea de Naciones Unidas, fijar la posición argentina (una suerte de ajuste de cuentas con el liberalismo) con relación a la crisis financiera internacional, desembarcar de lleno en el conflicto por el reconocimiento de Palestina en esa organización, protestar contra Gran Bretaña por los vuelos a Malvinas y cerrar heridas almorzando junto a Hillary Clinton y más tarde en reunión a solas con Sebastián Piñera (ver notas aparte).

Salvo por el capítulo empresario, que esta vez estuvo reducido a un encuentro con petroleros, por lo demás el Gobierno resumió la agenda anual de la Presidente en Nueva York de una semana a sólo un día (todo por pedido de ella) y de ahí la carrera.

La jornada comenzó a las 11, cuando Cristina de Kirchner se trasladó desde su hotel, el Mandarin Oriental, hasta la sede de la ONU. Para ese momento ya habían dado su mensaje Dilma Rousseff, Barack Obama y Nicolas Sarkozy.

Cristina de Kirchner llegó a la ONU y se dirigió directamente al recinto. Allí ocupó una banca en el box que corresponde a la Argentina rodeada de Julio De Vido, Carlos Zannini y Francisco Pérez, el candidato a gobernador de Mendoza que el Gobierno llevó a Nueva York para mostrarle el mundo. Héctor Timerman y Jorge Argüello, como dueños de casa, iban y venían al recinto manejando los tiempos.

Fuera del caso Malvinas y de la situación de Palestina, Cristina de Kirchner centró su discurso en la crisis financiera y la demorada reforma del sistema de toma de decisiones en la ONU. Tras repasar, como lo hace cada año, los récords de la economía durante la presidencia de su marido y la suya, comenzó el comparativo con las épocas de la crisis de 2000 y 2001: «La Argentina no pretende erigirse en modelo ni ejemplo de nadie, pero sí volver a ratificar la necesidad de formular claras reglas en materia de transferencia de capitales, en materia de especulación financiera», dijo.

Definición

En su mensaje acuñó otra definición, de las que suele deslizar para explicarse: «Si uno observa la relación entre PBI global y stock financiero en la década del 80, ésta era una relación de 1 punto 1... A partir de la década del 90, estas cifras se disparan geométricamente y se llega al año 2008 a que el stock total financiero, el activo financiero en el mundo sea 3,6 el PBI global, ese formidable spread entre lo que producimos y lo que está, en lo que yo denomino la economía del enter, porque, en realidad, si vamos a buscar esos activos, son solamente apretar la tecla enter en una computadora y trasladarse de un lugar a otro».

Era obvio que ése fue el tema elegido para protagonizar el discurso: «Las Bolsas suben y bajan todos los días, creando la destrucción de miles de trabajos, pero también formidables rentabilidades que alguien se lleva», insistió.

Fue entonces cuando insistió con la reforma de los organismos que regulen el sistema financiero internacional: «Es clave que esto sea entendido, porque hoy puede ser especulación sobre los alimentos, ayer lo era sobre el petróleo y mañana lo puede ser sobre las pastillas de menta si esto da rentabilidad y coloca en un posicionamiento a estos capitales que se trasladan sin ningún tipo de control ni regulación de un lado a otro del mundo».

Recordó que en la reunión del G-20 en Londres se había decidido inyectar recursos al sector financiero que por entonces promediaba la crisis de 2008: «Sostuve en aquella oportunidad que era necesario garantizar que esos recursos que se inyectaban al mundo financiero pudieran ser volcados luego a la economía real, a la economía concreta para poder generar trabajo, generación de productos, de servicios», sostuvo.

«Lamentablemente, seguimos en la misma situación, porque, más allá de cambios a los que califico absolutamente de cosméticos, no se ha profundizado en la regulación que es necesaria», dijo, y criticó luego a las calificadoras de riesgo por castigar a los países emergentes y calificar con mejores notas a países que luego estuvieron al borde del default. Fue el tiro final a esas organizaciones que, por estos tiempos, también son enemigo público número uno en Wall Street.

El mensaje pasó luego a exigir «la reforma de esta importante organización que representa la multilateralidad».

«Fundamentalmente su Consejo de Seguridad», continuó para meterse en un tema especialmente conflictivo en estos días, porque involucra la discusión por el reconocimiento de un sillón para Palestina: «Nosotros no compartimos la necesidad de ampliar los miembros permanentes; al contrario, creemos que es necesario eliminar la categoría de miembros permanentes y también eliminar el derecho de veto que impide realmente que este Consejo de Seguridad cumpla con la verdadera función que tuvo cuando fue pensado en un mundo bipolar».

A la salida del recinto pasó un buen rato saludando a una infinidad de embajadores y luego hubo un encuentro con las entidades judías argentinas que fueron a acompañarla en su reclamo a Irán y poco después se cruzó con Mahmud Abás, jefe de la Autoridad Palestina (ver nota aparte).

Tras ese encuentro se sentó junto a la secretaria de Estado, Clinton; el titular del Consejo de Seguridad de la ONU; el presidente del Líbano, Michel Suleiman; con el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma; el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, en el almuerzo que cada año ofrece Ban Ki-moon. De allí partió a su hotel para el encuentro con el chileno Piñera (ver aparte) para luego comenzar el regreso al Tango 01 estacionado en el Aeropuerto Kennedy.

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