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Cristina recordó a Kirchner y luego se refugió en la costa
Cristina de Kirchner habló en la inauguración de Atucha II y recordó a su marido fallecido, Néstor Kirchner. Luego del acto viajó a la residencia de Chapadmalal, donde hoy pasará su cumpleaños 62.
Al mediodía, sin referencias directas a la convocatoria, la Presidente se mostró en Zárate en el acto de puesta al 100% de la central nuclear Atucha II. Rozó, elíptica, el caso Nisman al hablar de las cartas que el canciller Héctor Timerman envió a EE.UU. e Israel pidiendo que las negociaciones con Irán no repercutan en "operaciones" en la Argentina. Lo mixturó con menciones a Néstor Kirchner y un zarpazo, innominado, sobre los "huevos" de los candidatos.
De repente, Cristina pareció descubrir el encanto sesentoso de la residencia de Chapadmalal, paradójicamente el destino que -a sugerencia de Néstor Kirchner, por entonces gobernador de Santa Cruz- eligió Adolfo Rodríguez Saá, en su fugaz interinato, para reunir a los caciques del PJ mientras en Casa Rosada atronaban los cacerolazos. Allí, abandonado por la jerarquía peronista, el puntano se resignó furioso y le avisó a Eduardo Camaño que le dejaba el mando.
Anoche, en Gobierno se recurrió al argumento doméstico de que la Presidente viajó a Chapadmalal para pasar su cumpleaños como, días atrás, lo hizo para festejar los 38 de su hijo Máximo, el jefe de La Cámpora. Evitó así el tumulto que se apiñó frente a la residencia de Olivos, parada obligada de las protestas anti-K.
Escoltas
El armado del acto de Atucha II, a cargo de Julio De Vido, trató de oficiar como contracara, por lo que se convocó a dirigentes a escoltar a la Presidente: reapareció Amado Boudou y hubo, además de un pleno de ministros, un puñado de gobernadores, entre ellos Daniel Scioli, a quien Cristina de Kirchner sentó en su mesa.
La cita elogiando a Kirchner -a quien en cierto modo equiparó con Juan Perón porque aquel inició la construcción de Atucha y el patagónico, fallecido en 2010, decidió al llegar a la presidencia su ampliación y terminación- es un factor recurrente. La mención al jefe ausente es un elemento repetido en los discursos presidenciales porque el patagónico unifica posturas dentro del diverso universo K al remitir a un mando -o un tipo de mando y conducción- distinto al suyo. En rigor, entre referentes ultra-K, el caso Nisman volvió a detonar la preocupación por la paralización de Unidos y Organizados (UyO) como mesa de organización que luego del triunfo de 2011 Cristina de Kirchner promovió como eje y motor del armado K. A tres años, ese esquema se fragmentó y está casi licuado.
A través de Capitanich, Fernández y Berni -que compartió con Guillermo Montenegro, el ministro macrista, el monitoreo de la marcha desde la base de la Policía Federal- la Presidente siguió los pormenores de la movilización y estuvo al tanto del desarrollo que no registró incidentes. Al atardecer, desde Gobierno surgió un dato que pretendió diezmar, numéricamente, la movilización. Se habló de entre "70 y 90 mil" asistentes cuando, a la misma hora, desde la Policía Metropolitana, se calculó entre "240 y 250 mil" participantes en el 18-F. Al filo de la noche, la cifra más abultada llegaba a casi 400 mil personas mientras desde las fuerzas de seguridad nacionales insistían con una cifra inferior: unas 50 mil personas.
Al margen de la numerología, que no es despreciable, el oficialismo insistió con su teoría del componente urbano porque, a pesar de tener réplica en puntos del interior, tuvo como epicentro las grandes ciudades. "Ahí venimos perdiendo desde siempre", interpretó un referente K que trata de leer el episodio en clave electoral. Igual el Gobierno saldrá a pelear esa calle el 1 de marzo, cuando la Presidente dé su último mensaje presidencial ante el Congreso.


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