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CTA: sin datos, Yasky y Micheli se atribuían anoche la victoria
Hugo Yasky se atribuía, anoche, la victoria por 15 puntos. Pablo Micheli, su rival, daba otras cifras.
La intriga perduraba ante la ausencia de datos oficiales y los informes diferentes que difundían los comandos de cada uno de los candidatos. Mientras Micheli se decía ganador por 25 mil votos, Yasky se declaraba triunfador por una diferencia de más de 15 puntos.
El triunfo que se atribuía el docente -que armó su búnker en la sede de SUTEBA, el gremio en el que se formó- era incompleto: se montó sobre los dos padrones con más afiliados, provincia de Buenos Aires y Santa Fe, pero cayó en las provincias de Córdoba, Neuquén y Jujuy.
El dato no es menor: aunque el sector de Yasky controlaría, con amplia mayoría, la cúpula nacional y la filial bonaerense, el grupo que postuló a Pablo Micheli, con el soporte de ATE, retendrá, ampliado, el dominio sobre los demás territorios clave.
Un caso aparte era Capital Federal. Allí, Micheli, apadrinado por Víctor De Gennaro, confiaba en una victoria pero anoche, entre demoras y denuncias, el candidato de Yasky, el gremialista del subte Roberto «Beto» Pianelli, peleaba el resultado.
La victoria fragmentaria de los filo-K encolumnados detrás del docente potencia el riesgo de libanización de la CTA, en un proceso donde las jefaturas provinciales -manejadas por el bloque anti-K- se muevan con autonomía y hasta desafiantes del mando central.
El resultado habilita, sin embargo, un dato saludable: la permanencia en algunos casilleros del eje Micheli-De Gennaro (de declarada empatía con Proyecto Sur de Pino Solanas y abiertos críticos de los Kirchner) parece alejar el peligro de una fractura expuesta.
Ayer, cuando prematuramente anunció su victoria, Yasky envió un mensaje de distensión: anticipó que ratificarán a Adolfo «Fito» Aguirre, del espacio de Micheli, como secretario general de la Central Intersindical del Cono Sur, cargo al que llegó como delegado de la CTA.
Otro factor positivo es que, a pesar de la dimensión y de lo que estuvo en juego, la votación no estuvo contaminada por grandes incidentes. Se interrumpió, por impugnación del yaskismo, la elección en Mendoza y hubo denuncias y presentaciones en Tucumán.
También se clausuraron los comicios en Ezeiza y en Esteban Echeverría, por irregularidades. En el primer caso, se acusó al intendente Alejandro Granados de intervenir para beneficiar al grupo de Yasky, pero se subsanó: de mutuo acuerdo, ambas listas decidieron suspender la votación.
Anoche, todavía resistiendo, desde ATE afirmaban que la clausura de esos comicios -donde tendrá que volver a votarse- establecía un nivel de incertidumbre sobre el resultado final en la provincia.
El episodio de Ezeiza sirvió para darles entidad a los argumentos de Micheli respecto de la intromisión del kirchnerismo. Lo cierto es que el oficialismo, en algunos casos a través del PJ, participó de la elección con un objetivo preciso: respaldar a Yasky.
Para el Gobierno era, de confirmarse el resultado, un respiro. La disputa en la CTA se instaló como un duelo entre los filo-K y los anti-K. Una derrota del docente se traduciría como un traspié del kirchnerismo. Los piqueteros K, como el Frente Transversal de Edgardo Depetri y Segundo Centenario de Hernán Lectcher, «movieron» a favor de la lista 10 que encabezó Yasky.
Al margen, con una lógica propia, actuó Milagro Sala, jefa de la Tupac Amaru, dirigente vinculada a los Kirchner pero, a su vez, aliada histórica de De Gennaro. Como atajo, Sala compitió en Jujuy, para la secretaría general, sin lista nacional: dio libertad de acción.
Los números fueron contundentes: se impuso, por amplísima diferencia, Micheli.
A pesar de las objeciones de los perdedores, la primera elección con competencia seria -en las anteriores, ATE y CTERA siempre fueron aliados-, uno de los grandes méritos de la CTA, transcurrió con calma y reforzó la validez del régimen de votación directa.
A pesar, incluso, de que la concurrencia no fue la esperada. En la previa, ambos candidatos proyectaban una asistencia de más de 500 mil afiliados sobre un padrón de 1,4 millón. El número estuvo lejos: el total de participantes rondó los 250 mil.
Así y todo, la CTA superó la prueba que aleja sus diferencias con la CGT que mantiene el sistema de voto tercerizado a través de delegados y congresos.
Yasky surgía, según sus datos, como claro vencedor con una diferencia superior a los 15 puntos sobre Micheli mientras que Roberto Baradel se impuso, por un margen menor, a Hugo Godoy en la provincia de Buenos Aires, donde también hubo resultados dispares: en La Plata, región clave, ganó Carlos Leavi de la Lista 1, alineada con Micheli-Godoy.
Una disputa personal era Lanús, base de De Gennaro y de Baradel. El docente ganó por 200 votos.
El mapa del interior muestra algo similar: los filo-K, además de ganar en Buenos Aires y en Santa Fe, se impusieron en la mayoría de las provincias chicas como Misiones, Corrientes, La Pampa y San Juan. Micheli, en tanto, ganó en territorios donde la CTA es poderosa, como Neuquén, Córdoba y Jujuy. Para la anécdota queda otro dato: los anti-K ganaron en Santa Cruz, provincia de los Kirchner.


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