Cuando corre sangre, es tiempo de comprar

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De la mano del Tesoro, la Navidad les trajo a GM y Chrysler fondos suficientes -en teoría- como para llegar a marzo, mientras el precio del petróleo, que arrancó con una baja del 8 por ciento, finalizó subiendo un 3,9 por ciento, a 46,34 dólares por barril (si bien el oro retrocedió y el dólar avanzó ante el euro y el yen, los commodities ganaron más del 2 por ciento).

En parte por esto, en parte por el bajísimo volumen negociado (los feriados contribuyeron bastante) y tal vez por cualquier otra razón, la primera jornada bursátil del año (ésta suele ser alcista, incluso la del fatídico 1931, cuando ganó un 3,2 por ciento) nos dejó con el Dow trepando un 2,94 por ciento, a 9.034,69 puntos y a más de un inversor con una sonrisa en la boca.

De la misma manera que en la última rueda se sobredimensionó el recorte de premios y salarios del Citi y no se le prestó atención a la brutal caída de las manufacturas (ISM), se supone que ocurriría lo mismo en las próximas horas. Así, frente al anuncio de que las automotrices habrían experimentado las ventas más bajas desde 1992, al pedido de un -¿primer?- plan federal de auxilio por u$s 1 billón de los principales gobernadores demócratas (el déficit estadual ya supera u$s 100.000 millones y no sabemos qué pasa a nivel municipal), al nuevo escándalo en torno a un gobernador amigo de Barack Obama y especialmente al más de medio millar de muertos (y cinco veces más de heridos) en Gaza, no hace falta ser el Barón Rothschild para pensar que en algún lugar está todo dado para una suba.

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