- ámbito
- Edición Impresa
¿Cuando D10s se equivoca a quién se acude?

Los grandotes hacen ruido al caer, dice el saber popular y por ahí empiezan a encontrarse algunas de las razones de semejante dolor. Después de todo, perder con Brasil está dentro de las posibilidades de la mayoría de las representaciones, sea del país que fuere. En Eliminatorias, las chances de sufrir una derrota se acrecientan, pero, si encima se juega de local y sirve para que ellos hagan el check in rumbo a Sudáfrica en nuestras propias narices y nos deja con la calculadora en la mano y comenzando a mirar de reojo la tabla de la clasificación del grupo de la Concacaf (el repechaje enfrenta al quinto de Sudamérica con el cuarto del centro del continente), la preocupación y el desconcierto ya toman ribetes altamente preocupantes.
Argentina tuvo un rato, más de veinte minutos, de control, de generar alguna situación de gol, una de Tevez, otra por un zurdazo arriba de Messi, pero nunca le quemó las manos al tal Julio César, destinado a ser uno de los mejores arqueros de la historia de Brasil, en un país donde nadie quiere ir al arco y eso lo ha reflejado a lo largo de sus cinco mundiales ganados. Todo lo bueno, generado desde el achique de las líneas, la concentración de Zanetti por derecha y Dátolo por izquierda (obligaban a Elano y a Robinho a correrlos por la bandas) se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos.
A los 23 minutos, tiro libre al centro del área y nadie se percató que Luisao, 1,94 metro, pelado, gran porte, estaba tan solo que hasta él mismo se desconcentró. Cabezazo abajo, Andújar sólo miró y en la defensa las acusaciones se cruzaron, trasladándose la responsabilidad que a esta altura poco significa saber quién era el encargado. Estaba 1 a 0 abajo y empezaba un nuevo partido.
Las falencias defensivas seguían descubriéndose cuando a los 30, luego de un par de rebotes, Luis Fabiano la empujó a la red para poner a Brasil dos goles arriba.
De ahí en más, Argentina corrió el partido desde atrás y a cada minuto que pasaba lo tenía a los de Dunga más lejos, y si no terminó la primera etapa con tres goles de diferencia fue porque Andújar tomó el primer balón con un mínimo de seguridad recién a los 43 del primer capítulo.
El fenomenal zurdazo de Dátolo ni siquiera sirvió para que vuelva la esperanza al cuerpo, porque un poquito de espacio le sobró a Kaká para habilitar a Luis Fabiano y que el 9 dé clases para constatar si un arquero tarda una eternidad en achicarle el ángulo. El 3 a 1 fue un directo al mentón que no hace más que agigantar las sombras que cubren al equipo desde hace meses y que salvo el amistoso ante Rusia, es difícil recordar cuándo Argentina ha sido superior al rival de turno en las últimas presentaciones. Y si con todo a favor, público efervescente como el que se buscaba con el cambio de escenario incluso, no pudo nunca retomar el control de juego. Sólo desde la utopía y el profundo deseo se genera el sueño de ganar en el Defensores del Chaco el miércoles para mantener una ilusión que ni el más estoico de los pesimistas podía imaginar: estar cuarto a falta de tres jornadas y con la amenaza del repechaje latente.
Hoy, el equipo tiene sobre sí más dudas que certezas, lo cual obliga a una inquietud existencial: ¿cuando D10s se equivoca o no reacciona a tiempo, a quién se acude?


Dejá tu comentario