13 de febrero 2014 - 00:00

Cuando la ficción desnuda una realidad demoledora

Mariano Stolkiner (izq.) y Gustavo García Mendy, directores de la versión argentina de “Iván y los perros”, de Hattie  Naylor, que subirá a escena pasado mañana en El Extranjero.
Mariano Stolkiner (izq.) y Gustavo García Mendy, directores de la versión argentina de “Iván y los perros”, de Hattie Naylor, que subirá a escena pasado mañana en El Extranjero.
Con puesta en escena de Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy e interpretación de Emiliano Dionisi, la compañía El Balcón de Mersault, con los auspicios del British Council, estrenará el próximo sábado a las 21 "Iván y los perros", de la inglesa Hattie Naylor, en versión de Alejandro Tantanián. La obra, que tuvo funciones preestreno hacia fines del año pasado, está inspirada en un caso real ocurrido en Rusia, acerca de un muchacho que se crió entre perros. Las representaciones volverán a tener lugar en la sala de El Extranjero (Valentín Gómez 3380). Dialogamos con ambos directores:

Periodista: "Iván y los perros" podría entrar en serie con historias como las de Kaspar Hauser o la del "Niño salvaje" de Truffaut. Sin embargo, su dimensión simbólica y alegórica, y la época en la que transcurre (crisis de la URSS, etc.), la ponen en otro lugar. ¿Qué resulta de ese cruce?

Gustavo García Mendy: Sí, tal vez. Más con "El niño salvaje" que con Kaspar Hauser, ya que este último posee una mística muy distinta a la de Iván, en tanto que con El niño salvaje, comparte de algún modo el extrañamiento y la singular marginalidad a manera de estigma. Más allá de esto y por tener un perfil narrativo basado en un hecho real, el personaje de Iván trae consigo un mundo propio que se despliega en un relato naturalista y onírico a la vez.

Mariano Stolkiner: La obra contiene una forma de relato en el que se produce un fuerte contraste entre la terrible historia que le toca vivir a este niño y el cuento de fábulas. Siempre que se produzca un cruce entre una realidad y la ficción donde ésta se deconstruye, aparecerán formas alegóricas que resuenen con otras historias ya contadas. Lo importante y característicamente demoledor de esta alegoría, es que quien observa sabe que aquella ficción, que se desnuda como tal, no es sino parte de la realidad en la que vive inmerso, nadie puede escapar a la historia de un niño viviendo en condición de calle.

P.: ¿Hasta dónde se puede ver, en la parábola personal de Iván, lo "real" de la miseria en las grandes metrópolis?

M.S: Iván es un nombre, el de un niño, pero podría ser el de cualquiera, y no sólo el de aquellos otros niños que sufren la miseria y el desamparo del modo que a este niño le toca. Iván puede ser cualquiera de nosotros, nuestra existencia vive atravesada por el dolor ajeno, la miseria de los otros no es sino nuestra propia miseria. Quien crea que puede vivir tranquilo porque su ¨realidad¨ resulta un tanto mas cómoda que la que le toca a aquel niño en la calle, se equivoca, y sin darse cuenta siquiera, sufre a diario las consecuencias de su ignorancia e indiferencia.

G.G.M: Absolutamente. Por otra parte, y si bien la parábola que Iván acerca está surcada por las circunstancias propias de la época y el lugar, es cierto también que universaliza la cuestión del desamparo y la intemperie. Personalmente, creo que una de las reflexiones más interesantes que la historia acerca, es la verificación de que una familia no necesariamente se hereda, y bien puede ser aquello que un individuo logra construir, arrojado por los acontecimientos y sobre la base de una elección.

P.: ¿Cómo fue su acercamiento a esta obra?

M.S.: Hace tiempo que venía buscando un texto que indagara en relación a esta grave problemática, tristemente tan nuestra. Tuve la suerte que María Delgado, profesora en teatro y cine de la universidad Queen Mary de Londres, viniera a ver una función de "Shopping and fucking", mi ultima obra. Al finalizar me acercó "Ivan and the dogs" de Hattie Naylor, era justo lo que estaba buscando. No es la primera vez que debo recurrir a un texto escrito por un autor inglés para encontrar aquellas problemáticas que me interesan abordar. Lo que entiendo, es que la autora probablemente haya podido ver algo que muchas veces a nosotros, por recurrente, se nos invisibiliza. Luego lo convoqué a Mendy para que hiciera la musica y el diseño sonoro, pero con el tiempo me di cuenta que era mucho más que eso lo que podia aportarle a la obra y terminamos haciendo una direccion conjunta.

G.G.M: Sí, en lo personal mi acercamiento a la obra fue a través de Mariano. Fue él quien llevó a cabo esta elección y quien me contó que tenía entre manos un texto que requería de una fuerte presencia sonora. Comenzamos luego a desglosar ese texto a fin de confeccionar un guión sonoro y, junto con la creación de la música original, es lo que fue vertebrando el flujo narrativo de la misma.

P.: ¿Cómo se eligió al protagonista?

M.S.: Venía trabajando con otro actor hace unos meses. Cuando estábamos en medio del proceso creativo tuve la oportunidad de viajar a Londres a un encuentro con la autora. Para mi sorpresa y con gran desilusión, a mi regreso me entero que aquel actor ya no podría continuar con el trabajo. Son riesgos a los que estamos expuestos en el teatro de autogestión. En ese momento pensé que no iba a poder continuar, pero tuvimos la inmensa fortuna de que Emiliano Dionisi se ofreciera para llevar adelante este enorme y hermoso desafío. Estoy seguro de que si no fuera por todo su profesionalismo la continuidad no hubiera sido posible. Hoy, con el trabajo ya a punto de estrenarse, no imagino un actor que pudiera ponerse en la piel de Iván mejor de como lo hace él.

G.G.M: Además, cabe destacar la facultad de Emiliano para reconocer e incorporar la sintaxis musical, lo cual no es habitual. Posee un gran sentido musical y es capaz de gobernar las frases y el "tempo", administrándolo en beneficio de su actuación. Siempre es una alegría encontrar un actor dúctil, capaz de vincularse con un tiempo que no necesariamente es el del reloj, o el de sí mismo.

P.: ¿Cómo fue su método de puesta en escena, considerando el origen radiofónico de la obra y la división entre los aspectos visuales y musicales representados por cada uno de ustedes?

M.S.: En todo trabajo, independientemente de su origen, lo fundamental está en el encuentro que se produce entre un texto y el cuerpo de un actor, en este sentido entiendo la voz como parte de este cuerpo. De ahí empieza a desprenderse el resto, el texto junto al cuerpo del actor van modelando la escena, no me gusta intervenir sobre el suceso sino dejarme llevar por él. Las obras están ahí, ya tienen su forma y tiempo, no se trata de llevar adelante un trabajo de construcción sino de sustracción, destapar el velo que deja ver la belleza intrínseca al material hecho cuerpo.

G.G.M: Llevó bastante tiempo adaptarnos a nuestras propias elecciones y decisiones, pero es allí donde reside justamente el eje del placer que supone armar una puesta. Sí, la obra tiene una primera escritura radiofónica, en tal sentido, el aspecto sonoro fue fundante y fue de ahí que se partió para montar los elementos restantes. En relación a esto fue esencial que Mariano haya sido además, el responsable del diseño escenográfico, esto permitió que toda la investigación relativa al vínculo audiovisual, pudiera dirimirse exclusivamente entre nosotros y alcanzar un registro expresivo equilibrado entre el sonido y el espacio. La luz, a cargo de Julio López, los dibujos de Maria Chevalier, el vestuario de Merlina Molina Castaño y las proyecciones de Julián Rur, fueron también factores esenciales meticulosamente elaborados.

P.: ¿Qué diferencias hay entre las puestas en otros países y la de ustedes?

M.S.:
Tuve la oportunidad de ver solo la versión inglesa. Supongo que la gran diferencia entre nuestra puesta y aquella, es que para nosotros la realidad de Iván nos es muy propia, por ende el compromiso frente a la temática está abordado desde dos perspectivas muy diferentes.

G.G.M:
Al igual que Mariano sólo pude ver la inglesa y un trailer de la brasilera, que, a juzgar por lo que allí aparecía, tenía un registro de actuación mucho más cercano a la idea de "niño perro". La versión inglesa tenía una estructura extremadamente literal en lo que al relato concierne, y una puesta muy prolija y despojada. Básicamente, y a falta de mayor información, lo que puedo decir en relación a esto es lo que al respecto nos transmitió Hattie Naylor; según ella, nuestra versión suponía una integración mayor entre todos los elementos, lo cual la hacía más intensa y apasionada.

Entrevista de M.Z.

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