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¿Cuánto pasto hay?
Un negocio de más de u$s 15.000 millones anuales, sólo en hacienda, no se sabe sobre qué base de alimentación se hace. Esta campaña se esperan más verdeos y renovación de pasturas, pero nadie conoce en qué extensión. Hay limitantes. Las principales pasturas subtropicales se importan. Igual en maquinaria. Quejas por restricciones. Lejos de ser una actividad primaria, la producción forrajera es cada vez más sofisticada. En campo natural, se puede duplicar la cantidad de materia seca sólo con manejo adecuado.

A pesar de que la producción y el aprovechamiento de la hacienda vacuna se remontan a los tiempos de la Colonia, desde los saladeros en adelante la principal producción agropecuaria del país, el pasto, sigue sin tener una base cierta de información oficial, ni estadísticas de las más mínimas.
Lejos parecen haber quedado aquellas épocas en que, al menos la «reina de las forrajeras», la alfalfa -que se introdujo a fines del siglo XIX, logró su gran expansión a partir de 1895 y constituyó la base de la ganadería moderna argentina-, contaba con datos públicos. Algunos dicen que llegó a haber 7 millones de hectáreas ocupadas con esta leguminosa. Hoy no se sabe, y esa información antigua no existe en los registros.
Tampoco hay números sobre praderas implantadas, o sobre las extensiones reales que ocupan los verdeos, o cuántas nuevas áreas hay con pasturas subtropicales, cuyas semillas mayoritariamente se importan.
Sí se conoce que hay alrededor de 50 millones de cabezas vacunas, unos 14/16 millones de lanares y unos pares de millones de cerdos y de caballos, pero ¿sobre qué extensión?, ¿cuántas son las hectáreas para producción de carne y leche que tiene el país?, ¿se puede hablar, como en agricultura, de aumentar el 20%, el 30% o el 50% la cantidad de hacienda, o la producción de carne por hectárea?
La gran pregunta es: ¿cómo se puede hacer un plan ganadero en serio si no está ninguna de estas respuestas?
Sin embargo, hay algunos datos:
· Más de 15 millones de hectáreas ganaderas del sur fueron desplazadas, en general, hacia el norte por la agricultura, especialmente en la última década. La mayoría, seguramente, correspondiente a los mejores suelos, algunos de los cuales estarían ocupados con praderas.
· Se estima que la sequía del 08/09 provocó la pérdida de, al menos, un millón de hectáreas de pasturas.
· La faena vacuna, promedio, es de entre 12 y 14 millones de cabezas por año, lo que da un muy bajo nivel de extracción del 22%-24% promedio (Australia está arriba del 31%).
· Debido a la mayor humedad, seguramente, va a haber un mayor porcentaje de verdeos de invierno (avena, cebada, centeno), pero los datos existentes son sólo de cosecha (grano). También se estima que, al menos, alrededor del 20% del maíz se destinará a la hacienda (aunque no se conoce cuánto de ese porcentaje será como forraje ensilado, o como pastoreo directo). En sorgo pasa algo similar.
· Sólo con buen manejo del campo natural se puede duplicar la cantidad de materia seca producida por hectárea.
· El destete promedio del país se ubica apenas por encima del 60% y se sabe que buena parte de la causa del nivel tan bajo es la mala/inadecuada alimentación.
· ¿Cuánto más?
El especialista en producción ganadera Fernando Canosa se anima a una estimación. «Hay alrededor de 150 millones de hectáreas de campo natural, de las cuales unos 50 millones corresponden a la Patagonia, y el resto a Cuyo, NEA, NOA y pradera pampeana», afirma, antes de reconocer que «todavía hay un enorme potencial de producción». Canosa está, justamente, haciendo un trabajo cuyos resultados se esperan para dentro de dos meses sobre las posibilidades «reales» de la ganadería vacuna argentina.
Si se calcula que con manejo se puede duplicar la producción de materia seca por hectárea, como se afirmó en el INTA Balcarce la semana pasada, ya hay una punta interesante.
Otro dato viene del sector semillero, donde se espera una recuperación de la actividad en esta campaña, especialmente de la mano de la mayor humedad y de la recuperación relativa en los precios de la carne y la leche, lo que podría determinar un incremento en el área de pasturas implantadas y de intersiembras.
Las limitantes, sin embargo, pasan por los costos de la reposición de praderas, pero más especialmente por la desconfianza que aún prima entre los productores respecto de la estabilidad en los precios de la hacienda. «Todavía estamos en transición, y esta actividad necesita previsibilidad», reconoce Canosa.
Lo mismo destacan en el cada vez más sofisticado rubro de la maquinaria, ahora con amplísimas líneas de «pasto».
«La demanda ya es real, concreta y sostenida para la línea de pasto, y muy especialmente en el norte», asegura Ramón Landrein, de la firma Mainero, aunque coincide con la cautela de los productores y, además, con las limitaciones de la propia cadena de producción industrial, que tuvo que achicarse en 2008 y 2009 y ahora no se recompone de la noche a la mañana.
«Además, necesitamos piezas importadas que hay que pedir con un año de plazo, ya que la mayoría están con licencias no automáticas. Si pudiéramos crecer el 30%, que es lo que perdimos, nos quedaríamos muy conformes», destaca Landrein.
Lo mismo señala Reinaldo Postachini, de Class, que reconoce la buena performance que están teniendo las picadoras de alta gama entre contratistas y productores de punta. «Aunque hay problemas de importación, si bien no se producen en la zona», aclara, y advierte por el arancel del 14% que encarece los equipos.
«El año pasado todos nos achicamos, pero la variable de ajuste fueron los contratistas y con sus deudas nos complicaron a las fábricas», explicó el industrial.
De todos modos, en general las expectativas para el «pasto» en esta campaña son buenas, pero cautas y con limitaciones operativas de distinto tipo, si bien se descarta que se va a hacer más pasto, aunque lo más trascendente es que nadie conoce cuál es el potencial productivo real del país en su principal rubro en magnitud.


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