Desde el restablecimiento de relaciones anunciado el 17 de diciembre de 2014, EE.UU. reiteró que el diálogo con Cuba es una nueva estrategia, pero que no desiste de su objetivo de alentar una apertura democrática dentro de la isla, con avances en derechos y libertades fundamentales, y que seguirá apoyando a la oposición.
No obstante, esos argumentos no contentan ni al Gobierno cubano, que acusa a su antiguo enemigo de "fabricar una oposición política interna sufragada con dinero de los contribuyentes estadounidenses"; ni a sectores de la disidencia, que perciben la nueva relación con Cuba como una aceptación del régimen castrista.
Cuba recrimina también a EE.UU. "manipulación política y doble rasero" sobre los derechos humanos y enarbola el acceso universal a la educación y la salud en la isla o sus misiones solidarias en el exterior como muestra de su compromiso con esos derechos fundamentales.
"Cuba, que se adhirió a 44 instrumentos internacionales en esta materia, mientras que EE.UU. sólo suscribió 18, tiene mucho que opinar, que defender y que mostrar", señaló un editorial del diario Granma, portavoz del Partido Comunista.
La Habana argumenta con frecuencia la discriminación y racismo que persisten en EE.UU., el abuso policial, las violaciones de derechos humanos en la lucha contra el terrorismo o la situación de los prisioneros en Guantánamo.
La nueva relación con EE.UU. divide a la disidencia en dos bloques: los que la ven como oportunidad para lograr espacios para la sociedad civil y avances en derechos; y los que creen que dialogar con el Gobierno cubano es una manera de legitimar un "régimen dictatorial".
Figuras como el expreso político José Daniel Ferrer y el opositor moderado Manuel Cuesta Morúa se ubican en el primer grupo mientras que las Damas de Blanco o el disidente Antonio Rodiles, encabezan a los más críticos.
Cuesta Morúa y Ferrer están detrás de la iniciativa #Otro18 -en referencia al 2018, año en el que Raúl Castro dejará el poder- que pretende promover cambios democráticos aprovechando el nuevo contexto con EE.UU. mediante la iniciativa ciudadana y desde dentro del sistema.
"Cuba está condenada a dar más espacios como consecuencia del desgaste del régimen que no tiene discurso ni retórica y del propio cansancio de la población", opina Cuesta Morúa.
Contraria a "reformas superficiales" frente a un "cambio radical que elimine a los Castro del poder" está Berta Soler, líder de las Damas de Blanco. El grupo convoca cada domingo marchas pacíficas bajo la plataforma #TodosMarchamos para exigir la liberación de los presos políticos y el respeto a los derechos humanos y que suelen acabar reprimidas con detenciones.
Soler denuncia un agravamiento en el último año de la represión, en muchos casos con violencia contra los activistas.
Según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, sólo en los dos primeros meses del año se produjeron al menos 2.555 arrestos políticos, aunque la mayoría de esas detenciones duran unas horas.
La disidencia apunta a un cambio de estrategia del Gobierno, que mantiene la represión pero de un modo que, en este momento de apertura al exterior, no le compromete ante la comunidad internacional al no haber juicios sin garantías o largas condenas contra opositores.
| Agencia EFE |


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