Cuando en un tiempo alguien revise el pasado bursátil, a primera vista sólo anotará que la semana que acaba de finalizar lo hizo con una baja del 7,16% para el Merval, la cuarta mayor merma en lo que va del año y la número 10 desde principios de 2013 (1,1 de cada 10 veces). Claramente una merma importante, pero nada "anormal". Incluso las cuatro semanas consecutivas en baja no son nada extraordinario (desde que finalizó la crisis en 2009 tenemos seis seguidillas de cuatro o más retrocesos, el mayor de las ocho semanas entre mayo y junio de 2013). Repasando los saldos diarios, sólo el del martes, cuando la cartera teórica desanduvo el 6,06% o el del viernes (cuando trepó el 5,5%, a 9.799,31 puntos) se destacan, pero como ninguno supera las 3 (del siglo) lo más que podemos decir es que son elevados, pero también normales. El problema es que más allá de estos números quedó un "feo gusto" en la boca (para el que quiera un argumento "sólido", tuvimos la mayor volatilidad semanal desde noviembre de 2008). El mercado no es más que la reunión de personas ejerciendo libremente su derecho de propiedad. Para que esto ocurra debe haber confianza, confianza en la estructura y en los actores (la única incertidumbre/riesgo debe ser el futuro). Lo que se resquebrajó estos días fue precisamente la confianza (con medidas que no discutimos, pero cuestionamos por no haberse aplicado en su debido momento). Tal vez en los próximos días y ante el "fait accompli", los precios se recuperen, no lo sabemos; de lo que sí estamos seguros es de que la confianza -en los actuales actores- ya no se recuperará. El volumen diario semanal en riesgo promedió $ 321 millones, el más alto desde abril (y tercero del año), anotando sólo dos subas: Edenor (+3%) y Aluar (+2%), con lo peor en YPF (-18%), Petrobras Brasil (-14%) y el Macro (-8%).
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