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Cumple un año YPF (y su show)

Hace un año decíamos que aun en el mejor de los escenarios para la operación política, las preguntas relevantes del "día después" eran básicamente tres. En el corto plazo, la duda era qué iba a pasar con la producción de gas natural dado el creciente agujero en las importaciones que ello implicaba. En el mediano plazo, la duda era cuál iba a ser el esquema de precios para el gas "nuevo" y "viejo" que iba a adoptarse. Finalmente existían interrogantes sobre la estructura y los incentivos que iban a gobernar a la nueva YPF. Un año después los resultados siguen alimentando el escepticismo. En lo sustancial y más urgente las cosas no vienen bien, ya que los datos duros del sector muestran que la oferta doméstica de gas natural, lejos de rebotar como un "yo-yo", continúa su declinación imparable, como se proyectaba en los trabajos a que se hace referencia arriba. Esto en parte era inevitable en casi cualquier circunstancia (excepto en la imaginada en el fervor de la propaganda que justificaba la operación) porque sabemos que las inversiones involucradas en semejante cambio de paradigma van a llevar varios años.
En las otras dos dimensiones, precios y gobernabilidad corporativa, las cosas mejoraron en apariencia. Hoy existe a nivel del Gobierno la aceptación de que se requieren señales de precios claras para los productores, algo que fue un tema tabú por muchos años. Y las inquietudes sobre la gobernabilidad de YPF quedaron despejadas con la conducción y el liderazgo visible del equipo ejecutivo a cargo. Sin embargo, persisten dudas en ambos frentes. En materia de precios hay un problema de credibilidad de los valores anunciados en el reciente programa de estímulo a la inyección excedente de gas natural, si los mismos no son trasladados a la demanda y pasan de este modo a ser un pasivo fiscal. Esto es grave porque, con la mayor devaluación esperada del tipo de cambio, los precios en pesos que paga la demanda van por la escalera y los 7,50 dólares de los contratos del programa-estímulo van por el ascensor, lo que augura problemas futuros para cumplir con dichos contratos. En materia de gobernabilidad corporativa las cosas se pueden complicar si los problemas de desempeño del sector llevan a tomar medidas más intervencionistas, como el reciente congelamiento de precios de los combustibles, que además de ser otro golpe a la competencia y la eficiencia dañan la credibilidad del plan de negocios de YPF. O si, en el ya más que probable escenario de que el desarrollo de Vaca Muerta se demore, se debilita el apoyo político a la actual conducción.
En suma, cumplido un año de su retorno al control estatal, puede decirse que la nueva YPF, su plan de negocios y todo el ambiente regulatorio sobre el que aquella se apoya va a seguir siendo una moneda en el aire por un largo período, por razones tanto económicas como políticas. La esencia del plan que representa la nueva YPF no puede ser cuestionada, así como tampoco puede ser cuestionada la capacidad técnica que se despliega para llevarlo a cabo. Esto es así, aun cuando también es cierto que el excesivo énfasis en el desarrollo de reservas de gas no convencional, siendo casi inevitable para la Argentina, tiene el problema de que crea una burbuja de expectativas que desvía la atención de asignaturas pendientes en materia de planeamiento energético hacia renovables y profundiza el sesgo hidrocarburífero de nuestra matriz y no contempla bien los sesgos ambientales, que son bastante inciertos. El problema no está en YPF, como tampoco estuvo antes en Repsol-YPF. Para que las cosas salgan bien se requieren correcciones significativas a la actual política energética, porque ya estamos frente a un monstruo de tres cabezas en donde encima las tres cabezas están peleadas entre sí. Los cambios van a tardar en llegar, pero van a ser inevitables. Sólo así va a ser posible que algún día el tercer tipo de magia a que se refiere Dawkins se imponga y nos impresionemos de la magia poética detrás de los resultados de la aplicación de tecnologías que nos devuelvan la seguridad energética perdida en la década pasada. Ese día el CEO de YPF, sea quien sea, va a ser debidamente llamado mago.

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