Varias veces lo expusimos aquí, ahora y lamentablemente todo lo que siguió ocurriendo daba razón a la sospecha: ni en la Reserva Federal, ni en la cúpula que rodea al propio George W. Bush, se tenía una idea acerca de con qué tipo de «monstruo» se estaba lidiando. Ni a qué profundidad podía llegar el cráter en las finanzas, ni qué anchura podía llegar a tener al expandirse a otros países.
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Y, como sucede en la economía doméstica, hasta que no se tiene una real dimensión del problema solamente se ensayan defensas a ciegas, como tirando «perdigonadas» y después rezar, por pegarle al centro de algo.
Recordamos también, hace un año largo ya, cuando preferimos quedarnos preocupados -y junto a las advertencias de Alan Greenspan- antes que a las muchas voces que se alzaban tildándolo de «agorero», de exagerado, de estar atentando contra el mercado con sus alarmas. También en esto el tiempo nos dio la razón, de quedarnos junto con un «viejo zorro» que había visto muchas crisis y de todos los tamaños. Que había estado en el puesto de comando en varias de ellas, antes que con los que gustan de guardar los problemas debajo de la alfombra y esperar, a que un milagro salve todo.
Los más grandes nombres clásicos, con siglo largo de historia, han ido cayendo como fichas de dominó y cada vez con más frecuencia. Al momento de escribir estas líneas, está arriba del escenario otro «grosso» del mundo financiero: Morgan Stanley, buscando comprador de modo desesperado. Y se prosigue actuando a ciegas, lanzando más y más miles de millones de dólares, quedándose con entidades que han sido casi estatizadas por completo, en una ensalada de cifras que se hace imposible de ordenar. Lo que está claro es que la gente apela al instinto de conservación y está produciendo salidas masivas de unos activos, corriendo hacia lugares que supone seguros. Pero, ¿qué hay de seguro, que no sea el atesoramiento de metal, o el efectivo en mano?
Y se vuelve a lo mismo también, el termómetro de referencia es el mercado, el índice, bursátil de todos los lugares. Cuando la Bolsa debió «comerse» este sapo vivo, que no partió de exuberancias propias, de burbujas que se hubieran inflado demasiado con sus activos, sino con esa diabólica mezcla de instrumentos bancarios -devenidos en bursátiles- y de la increíble falta de límites y controles, para el sistema bancario. Vale recordar, por qué ahora hay quienes hacen comparaciones con aquello, que en la Gran Crisis hubo estallido bursátil, pero «los locos años 20» lo eran por todo. Y un gran componente de lo inmobiliario fue tanto, o más responsable. Pero, la Bolsa siempre la paga.
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