Todavía nadie le explicó -a nuestra ignorancia- a qué se le llama «salir de la crisis». Qué parámetros han de tomarse para considerar que se continúa en estado crítico, o de recesión, o para anunciar que se ha vuelto a la normalidad económica. Mucho nos tememos que se esté dando por válida la última vuelta de tuerca de «la exuberancia» y que se desee que las variables e índices del mundo recobren la cota perdida en esa instancia final. Pensar con la mente de un petróleo de u$s 150 el barril, de granos y otros commodities volando por las nubes y apuntando todavía a más alto, como si eso no hubiera sido también una crisis. La crisis de oferta -la que destruyó a Keynes, con la primera crisis del petróleo-, el frenesí de economías de todas partes creciendo a seis por ciento de mínima, ¡acumulativo!
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No hay que ser economista, basta con ser persona sensata para darse cuenta de que lo otro llevaba, inevitablemente, a una explosión por acumulación de presión, de excesos. Que se vino a cortar con una implosión en el sistema bancario del país rector, extendido a otros.
Si se dice que ahora los insumos y la energía estarán mucho más baratos. Si la débil demanda no permitirá que se tensen precios que conforman los costos, pero es seguro que se producirá a precios más acomodados. Y se venderá con la utilidad ajustada a esos costos. Los ingresos resultarán inferiores, aunque el volumen se vaya recomponiendo debido a una nueva escala de costos y de precios finales. Esto será haber rebajado un par de marchas el ritmo de locura que traía el mundo.
Lo equivocado de medir lo bajo, tomando como cierto lo más alto de un ciclo anterior, es común en lo bursátil. Es dar por válido y derecho adquirido el nivel alcanzado por un índice -o una acción- en el momento más caliente de la tendencia. Que es cuando las cotizaciones están rojas de hervir y hervir, en un avance que no supo de respiros. Esa cumbre no era tampoco duradera, por eso sobreviene después la pendiente. Pero los que miran desde el valle aspiran y sueñan, o se enojan, si es que el mercado no recupera aquel otro estado en poco tiempo. Por ejemplo, ¿a qué se le llamará ahora una recuperación del Merval, una salida a la depresión? El que quedó enganchado de los techos del mercado exige aquello sin pensar que ya no era momento para comprar, sino para vender. En lo que hace a la crisis global hay bastante de esto: querer ganancias, precios, crecimiento de un barril a u$s 150, pero disfrutando de uno a u$s 40. Algo está descalzado.
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