Lo peor que le pudo haber pasado al capitalismo es haber dejado el flanco expuesto para que todos se permitan ponerlo en duda, como el mejor sistema económico posible. En términos históricos, no ha pasado mucho desde que su tradicional rival, el comunismo, debiera dejarle el campo libre. Y lo que vino a suceder es que, sintiéndose a sus anchas, se dedicaran las piezas clave de su mecanismo a darse la gran vida. Y viviendo la irrealidad de una especie de «esquema Ponzi», o bien el recién derrumbado de Madoff, llevado a la práctica a través de corporaciones, sistemas bancarios y gobiernos, que creían que los fastuosos crecimientos eran una especie de derecho adquirido. Al diablo la inexpugnable marcha de los «ciclos», se vivió con el narcótico de los mercados, cuando están entre los efluvios y la borrachera de imaginar que «los árboles crecen hasta el cielo».
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Ahora estamos en un régimen donde se puede dudar de todo -con razón-, y al compás de las novedades se va viendo en episodios la magnitud del descalabro. Ante semejante debacle de quien resulta el rector natural en el mundo, ya ni en la pureza de sus informes e indicadores se puede creer llanamente. Todavía repiquetea esa aparición del Citigroup diciendo que les fue muy bien en el último bimestre, algo como extraído de una galera, o de una contabilidad ingeniosa. La desesperación por remedios que no surten efecto puede llevar a que se tengan que dibujar «milagros inesperados» en la infernal cantidad de ratios, que llevan habitualmente. Tanto se ha venido sintiendo, disfrazando una crisis que finalmente terminó por salir como la lava de un volcán, que toda sospecha puede tener su asidero. Y nosotros, que aprendimos en nuestro medio a practicar el «piensa mal y acertarás», nos permitimos ejercer la duda sistemática, hasta que los hechos puedan demostrar las evidencias.
Los pronósticos cruzados, los que se entrechocan y se dan de frente, acerca de si esto repunta a fin de año, o si va a durar mucho tiempo. Si la estrategia aplicada tiene buenos efectos, o si hará falta mucha más impresión de dólares, «empapelamiento» liso y llano, ya arriba hasta el hartazgo. Y cuesta definir si se está colocando otro «parche», a la cámara pinchada del sistema. O se está yendo a un capitalismo puesto en caja y caminando por senderos sensatos. Por de pronto, son pocos los frutos podridos del árbol que se han hecho caer. Por una cuestión, o por la otra, parece que todo merece salvarse. Hmmmm...
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