23 de abril 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Gastar el doble de lo que ingresa, era tema de días atrás sobre los Estados Unidos. El mismo desfase resultó tapa de Ambito del martes, respecto de la Argentina. Es casi una seguridad de que esto mismo debe estar sucediendo en buena parte de las naciones, que formaron caravana y cantando a coro: «Que el Estado y los gobiernos tapen todo...».

Tomando al pobre Keynes desprevenido, sabiendo que no puede discutir nada, retorciendo sus conceptos y salvando de un solo golpe las distintas épocas, el mundo prosigue en esta lucha contra la crisis fogoneando economías con emisiones glamorosas y costo del dinero en el piso.

Ya hay, aunque sigue siendo una minoría, los que se preguntan: ¿y qué dirá la inflación a todo esto? ¿Qué puede suceder, y cuándo, con la plata mala corriendo a la buena? Otras preguntas invadieron en estos días, el «bull market» armado en Wall Street: ¿de dónde surgen estos balances que debían presentar heridas varias y gozan de buena salud? En definitiva, es hora de preguntarse por la división de aguas que se vino produciendo entre un raíd alcista del mercado de riesgo, que la economía real no parece avalar con sus indicadores. La respuesta, ante las evidencias, sería que esa avalancha de «dinero malo» ya está haciendo de las suyas. Y dónde podría mejor: que en un mercado bursátil. Donde los precios han venido barranca abajo y puede presumirse que estaban en zona de sobrevendidos y hasta por debajo de la línea técnica, ya en la psicológica.

Desde el punto de vista estricto de condiciones para jugar a la Bolsa, casi un escenario ideal: precios muy rebajados, dineros que fluyen, a un costo casi cero. Pero, el barco que ha desencallado de las arenas de la recesión -eludiendo el estado depresivo crudo- no dice muy bien hacia dónde apunta su proa. Países sobregirados, datos e informes que ya huelen a maquillajes y aun en lugares a los que se reconocía como irreprochables, serie de informes analíticos -con números a la vista- que nos comunican que la guerra continúa. Y que detrás de ésta, puede que sobrevenga otra: sólo cambiando de enemigo.

Keynes, y su teoría, no estaban dispuestos a tener que lidiar con la «inflación de costos», por eso es que ambos dejaron de ser estrellas a partir de la primera crisis petrolera en el mundo. Justamente lo que hoy se está sembrando, con la semilla de los estados, es el abono ideal para que florezca la inflación. Si surge, esto de ahora nos parecerá Disneylandia.

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