Terminó el show de la política. Todo vuelve a tener que confrontar con la realidad. Emergen solos los interrogantes antes planteados. Si es que «se cambia para que nada cambie». O si se cumple -fatalmente- la posibilidad de: «se puede cambiar y seguir siendo absurdo». Con ninguna de las dos, obviamente, encontraremos la buena senda. Si algo todos saben, es que hay problemática seria por atender y separando aquello también muy grave, pero que no corresponde a nuestra temática, está pendiente destrabar a la economía. Rectora de finanzas y la que le otorga basamento a nuestro ciclo bursátil. En lo que hace a la actividad en tal sentido, hemos llegado a un primer semestre generando ramas altas en cotizaciones, pero sin conseguir que las raíces se extendieran. Y no es hora de cambiar la opinión, porque esto no tiene que ver con el acto político. Ya la necesidad de dilatar el promedio de volumen efectivo pasará a ser prioridad, del segundo capítulo del año, o acrecentar el riesgo de que un viento fuerte haga peligrar lo que pudo alcanzarse.
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Días atrás, oímos fugazmente -en canal de cable- que el Banco Central de Gran Bretaña alertaba sobre: «lo peor todavía no pasó». Declaración que después no pudimos ver impresa en medios gráficos, aunque resultaba interesante ver que no todos se van alineando, en el latiguillo de que la crisis resulta un problema superado. Por supuesto que dependemos de esos tiempos que se dan afuera, además de poder encaminar los de adentro.
Esta semana es para tener al mercado en observación, en especial después de que se remate el semestre en el desarrollo de hoy. Y cuando se va filtrando con mayor cuidado lo sucedido en la política, dentro del ámbito empresario. Inicios de julio que llevan el compromiso de sostener lo realizado hasta aquí, con el índice local situado en posición de privilegio, en lo que hace a crecer de cotizaciones.
Justamente, se están cerrando estados contables de gran incidencia, un cúmulo de trimestres de mitad de trayecto anual. Y otro grupo que resultarán las «memorias» de junio. Una apuesta puede ser casi segura: las sociedades conservarán «acumulados» positivos, restringiendo la entrega de dividendos en efectivo. La posible utilidad vendrá mucho más de la renta de mercado, porque la situación así lo demanda. Y la carencia de saldos brillantes será otro punto, porque no hubo cambios de situación.
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