Recordémoslo siempre: los mercados no tienen piedad. Ni les importa un rábano de los juegos políticos, en tanto se abra una brecha por donde poder visualizar una renta. Y en estos días que siguieron a la elección, y donde tanto se hizo correr la versión de que uno de los caídos sería el polémico Moreno, recrudeció la presión sobre los bonos. Y esto podría significar que se terminara con la distorsión de los índices, que se pasara a una zona de sinceramientos, y con eso, que el factor de indexación de los títulos comenzara a galopar.
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Para los tenedores de bonos todo pasa por allí. Pero las consecuencias serían mucho más amplias y profundas, al quitarles el «tapón» a los vasos comunicantes de la economía. Quizás, hasta llegar a lo que puede sonar a un absurdo: que no resulte aconsejable, en medio del desconcierto y el bullir de aguas dentro de un Gobierno consternado, que se prescinda del funcionario más irritativo, más justamente cuestionado y quien -probablemente- más ha hecho para que estemos en el lamentable grupo de los países «fronterizos» para atraer inversión. Pero, como en la Bolsa, mucho tiene que ver en la vida acertar con el «momento». Una vieja sentencia apunta que «abrir una lata de gusanos es fácil, lo difícil es volver a ponerlos adentro».
Y aquí y desde hace bastante, las variables están como metidas y tapadas en una lata. ¿Qué podría suceder con la inflación reprimida si de pronto se sabe que ya no estará el que prepotea a empresarios e índices? Existe ya una enorme presión frente a la posibilidad de tal recambio. Los gremios, aún con indicadores falseados, vuelven al acoso en procura de saltos salariales. Todo da la sensación de que los agentes económicos ven el resultado de la elección: como la ocasión para quitarse el «corset» Moreno. ¿Y después qué?...
No vale seguir tirando de un hilo que se ha tensado tanto, en una sociedad que debe lidiar a diario con la adrenalina que le genera el avance de una enfermedad, junto con todo el hervidero derivado de los comicios. Pero, no deja de ser cierto y comprobado por cualquier operador que elegir bien, o mal, «el momento» puede llevar a un excelente, o fallido, negocio, independiente de las condiciones de la especie. Nuestro mercado se ha comportado con envidiable sensatez y nervios templados, acaso porque se trata de invocar intenciones nobles, donde solamente prevalece la típica lucha por la ganancia rápida. Sólo el correr del carretel nos informará la verdad.
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