31 de julio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Cierta vez le oímos apuntar al DT Carlos Griguol cuando un periodista lo consultó acerca de las virtudes de un jugador de moda: «No importa decir lo que tiene de bueno. Porque eso lo vemos todos. Lo que en verdad importa es saber ver qué es lo que le falta...». Otro excelente «cupón bursátil» y de los más sabrosos, ya que resultan apreciaciones agudas que no fueron pensadas para la inversión bursátil, pero que encajan perfecto, mucho más inclusive que ciertos textos específicos, que transitan por aburridos caminos. ¿Y qué es lo que creemos que nos está diciendo Griguol, con su aguda sentencia? Pues que lo bueno que está haciendo nuestro índice bursátil, a pesar de un contexto político y económico que cada vez inyecta más temores, está a la vista de todos. Quien pueda decir que nuestro mercado accionario no ha hecho mucho más de la cuenta en estos meses, en semejantes condiciones, nos parece que es un ser insaciable.



No vale seguir reparando tanto en los méritos que se han sumado. Sino colocar el acento y apuntar sobre aquello que le falta. Y es tan simple y tan delicado el estancamiento en el plano de los negocios. Donde la figura del hombre de 1,90 m de alto, que calza solamente un número 38 de zapatillas no tiene miras de corregir las desaforadas proporciones entre precios y volumen. El miércoles volvieron a juntarse no más de $ 25 millones de efectivo -poco más de seis millones de dólares- para un Merval de 1.655 puntos (el mismo que en noviembre andaba abajo de los 1.000 puntos). Mirando con generosidad y cierta complicidad -ya que los precios siguieron bien- se podría argüir que todo pasa por un mercado que está resumido en las llamadas «manos fuertes». Y que han hecho posiciones para cierto mediano plazo, de mínima.



Pero se corre un riesgo serio al estar sintetizado el «crédito» del mercado en pocas manos (a imagen del peor de los pecados para un banco, estar expuesto a una cartera poco diversificada). Porque si por algún motivo algunas manos quieren colocar sus tenencias robustas, pueden crear -por sí mismas- un fuerte sesgo bajista que, ante el temor, después es imitado por operadores más chicos. Y lo que más debería preocuparnos es que la tendencia que se sigue con el capital y el crédito en el país es a contraerse todavía más (vistos los problemas públicos y la fuga de divisas constante). El eslabón débil de la cadena coincide en ser -también- el más importante. Y no es una aleación afortunada.

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