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Cupones bursátiles
La frase, con distintas variantes, fue luego por otros utilizada (y haciéndose dueños de la autoría). Pero no queremos ir a la postal histórica, ni a determinar registros intelectuales de una expresión, sino que en el presente nos vino a la memoria y no por causalidad.
Es que estamos leyendo, cada vez más a menudo y ante la anemia de este dólar desinflado que anda dando vueltas por el mundo -del que todos quieren huir, como si fuera una epidemia- que se quiere orientar a la gente en sus inversiones recomendando bienes raíces o acciones. Aquello que salvó a Jack era la excelente forma de deducir que si la compra de acciones estaba en boca de todo el mundo, ya se había llegado a la última línea de posibles compradores. Y cuando la mayoría proseguía en la euforia alcista, lo más astuto era bajarse de las posiciones para eludir lo que vendría después.
Cuando las piezas del tablero mundial se tratan de hacer encajar en búsqueda de una figura armoniosa, es imposible hacerlo. Vimos ayer lo de China, con esa magnífica definición del «crecimiento con esteroides» y que conjuga con controversias ya planteadas en la Reserva Federal acerca de dejar de dispersar dinero fácil y que retorne la tasa de interés. Lo que sigue -por ahora- señalando el presente es que hay fuga de posiciones en dólares para pasarse a los activos de toda especie. Inclusive las materias primas, que pueden -como el petróleo- complicar mucho más la fase de salida de la crisis.
Y las acciones figuran en todos los menúes que se aconsejan, bajo la premisa de que sus precios están «muy bajos».
La encrucijada de las economías, con gobernantes que siguen aterrorizados y ya no quieren ni pensar en salir de los «esteroides» con tal de que se mantenga la meseta alcanzada no durará siempre.
No parece desaconsejable recordar -cada uno- la deducción de Jack, especialmente si siguen arreciando recomendaciones para activos de riesgo. Y dejar que otros pesquen los «peces de colores» que se intentan vender. Por las dudas.


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