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Cupones bursátiles
No faltó nota, muchas de ellas correspondientes al cuerpo de los diarios -no a las secciones específicas- donde se machacó con esa carencia de la sociedad.
Para el público común habrá llegado como si fuera un caso excepcional, merecedor de las más duras acciones. En cambio, los que conviven en el ambiente bursátil saben de sobra que después de aquella crisis local de hace unos años, la Comisión de Valores había permitido a las compañías poder seguir actuando en plaza, aunque tuvieran el patrimonio en negativo.
Y después de vencer la licencia dada, se la prosiguió renovando -ya sin ningún sentido- y en estos años más de una acción vino arrastrando tal falencia en sus balances. Y siguieron operando en el recinto...
Pero, ya que mencionamos a la CNV, esta columna no puede pasar por alto la renuncia de su último titular. Más que por los motivos que se han difundido, nos impacta el hecho de que cada vez duran menos en el cargo. Una mancha más, para un organismo creado a imagen de otros similares del exterior -como la SEC- y que vino a darle a nuestro mercado bursátil, por vez primera, un marco y normativas adecuadas.
Una de sus condiciones esenciales, la principal a nuestro criterio, había sido conferirle la «autarquía». Independiente de todo poder político de turno, sus integrantes debían cumplir períodos de siete años y siendo intocables, a pesar de los recambios políticos.
Cuando esto se quebró, por vez primera en la década del 80, con la renuncia de Pablo de Estrada -sometido a todo tipo de presiones- después también se apoderaron de la independencia del organismo, para hacerlo simple resorte del Ministerio de Economía.
Y a partir de ello, resultó cuestión habitual que se sucedieran los cambios de conducción y la pérdida de la real importancia, que llevaba en el espíritu de la Ley 17.811. Lo de ahora es nada más que una simple consecuencia, como tantas cuestiones en nuestro medio, donde los permanentes manoseos institucionales terminan por transformar un buen diseño en una caricatura. En el caso de la Comisión Nacional de Valores, en un «mamarracho».


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