11 de diciembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Ciertamente aburre lo que se viene reiterando en los mercados bursátiles, en una seguidilla de ruedas donde todo queda flotando, indefinido, falto de convicciones, hasta dejar que los engranajes saquen chispas, por la falta de lubricante. En general, se siguen utilizando excusas que aparezcan a la mano -en tanta información de todo origen, las pantallas siempre están robustas para tomarse de algo- cuando la conclusión más simple y para nada vergonzosa es que hay un techo y se está rebotando contra él. Solamente la surgencia de buenos estimulantes puede hacer que la ahora pensante demanda compradora aparte a los «cocodrilos» de sus bolsillos. Días atrás, y cuando apareció como noticia explosiva el asunto de Dubai -obviamente, exagerado-, anotamos aquí que el paso que seguía: era que apareciera el grave problema en Grecia. Y que después podía ser el Congo, o la «isla de Lost», para llevarlo al plano de lo grotesco. Problemas, mayores o menores, siempre habrá para considerar: el tema es el tratamiento, la dimensión mediática que tomen unos sobre otros y tanto para que se creen temores, o bien para argumentarlo como justificativo.

Cuando aquí, como en Estados Unidos, el volumen va mostrando flaquezas a medida que se avanza en la evolución de los índices, eso no forma una figura ortodoxa de confiabilidad. Y tampoco de crecimiento consistente. Puede durar, mucho o poco, o sostenerse por condiciones atípicas y muy favorables. Pero también es factible que culmine formando «burbujas», con lo que se provoca un final abrupto e indeseado.

Buscar un día una cuestión que sirva para utilizarse como el ariete para dar razón a una baja, o a la intrascendencia infinita de los desarrollos, está ocultando la sensación térmica de que los índices llegan a final del ejercicio cansados. Mucho vinieron haciendo a lo largo de 2009, tanto se adelantaron a las realidades verificables -no a la verborragia de gobernantes- que en un momento pareció surgir el freno, la búsqueda de aguardar el respaldo que precisan las Bolsas: como espejo de las economías. Y en eso estamos, dando vueltas en nuestro Merval a niveles ya vistos unas cuantas semanas atrás. Solamente por impulso fugaz pudiendo quebrar la barrera de los 2.300 y después rebajar un par de marchas. Mientras, el volumen no se repuso ni a marcas modestas. Es un no pasa nada.

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