Y... se nos evaporó 2009. Casi todos tenemos la misma sensación térmica, el año se ha pasado casi sin darnos cuenta, a una velocidad muy superior de lo que señala el calendario. En la Bolsa ha sucedido lo mismo, a pesar de distintos avatares del contexto y algunas caídas de tensión, se llega al final de temporada con un resultado -al menos, para nosotros- inimaginable. Todavía tenemos a flor de piel aquellas dos notas, que publicamos en noviembre de 2008, cuando la desolación campeaba en el escenario y las acciones iban a la góndola de las más ordinarias liquidaciones. En aquel entonces, refrescábamos el viejo, y siempre vigente, axioma de Wall Street: «Los árboles no crecen hasta el cielo, pero sus raíces no llegan al infierno...». Curiosamente, visto el entusiasmo que pueblan los pronósticos para 2010, debería nuevamente refrescarse la sentencia, pero a la inversa. Hace un año, alertando sobre las raíces y procurando que el inversor no hiciera picadillo de sus posiciones. Ahora, en alerta sobre la altura de las ramas. Y en virtud de un ejercicio que ha más que duplicado los niveles de índice del punto de partida. Alcanzando marcas que eran la cima -nominal- histórica del Merval.
En caso de querer hacer un brindis de agradecimiento, por los meses del calendario más generosos de 2009, acuérdese de levantar la copa por cuatro de ellos: el marzo cuando empezó la levantada -con un 10,5% de mejora-, el abril que tomó la posta y le agregó un soberbio 13,2% al saldo anterior. Rematado por un período de mayo que fue lo más espectacular del recorrido. Sumó el Merval más del 24% de altura y apoyado sobre los hombros de marzo y abril, que ya habían dado un gran salto.
Después, un trimestre de dudas y ciertas sombras, es especial por el junio electoral y pleno de incertidumbres. Reencontrando en setiembre la última gran zona de aceleración accionaria. Un 16,5% de utilidad dejó el noveno mes y conformando el gran cuarteto, responsable de lo que resultó el total de 2009. El remate del año estuvo por momentos sinuoso, enderezando la proa sobre la segunda mitad y aportando en las últimas ruedas «milagros inesperados». Que retocaron el índice y ubicaron a diciembre como un buen broche de un notable ejercicio. Todo pasó como yendo en el aire, la «alfombra mágica» de la Bolsa que devuelve lo que ha quitado, en menos tiempo del esperado. Ahora... es otra película. ¡Que la pasen ustedes bien!
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