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Cupones Bursátiles
Es por ello que los medios se están ocupando de entrevistar a ciertos ejecutivos de casas de inversiones, o economistas, más algún señor que trabaje de asesor financiero. Es curioso que en las posibilidades que se recomiendan, las acciones figuran muy lejos, o no figuran. El dólar, como siempre dentro de nuestra cultura nacional, seguramente que ocupa el primer lugar. De hecho, porque no hay nada que pensar, ni realizar estimaciones, o cálculos. Y se tiene una seguridad: hacia atrás no vendrá jamás.
Se lo puede guardar sin tener que estar pendiente de nadie, es de máxima liquidez en cualquier momento y sin tampoco depender -si no se quiere- de pararse frente a un mostrador de «casa de cambio».
Se están aceitando los mecanismos tan clásicos, como eficaces, para que las personas intenten protegerse de esa lluvia ácida -corrosiva de los ahorros y de las inversiones- que es: la inflación.
«Aparentemente, es más fácil recomendar la compra de un «bono-basura» como los emitidos aquí, a los que se les falsea cualquier cláusula de ajuste en el momento deseado por el emisor, que un papel privado que representa a los activos de una empresa. Seguramente se argumente que las acciones son menos seguras que los bonos. ¿Puede decirse que son menos seguras, con la historia negra que precede a la deuda pública? ¿O será que a la comunidad financiera no le conviene que la gente deshaga un plazo fijo, o venda un bono, para ir a las acciones?
Una pregunta que puede tener respuestas de rotunda negativa a que eso sea así (seguramente, de la propia comunidad financiera interesada). Pero que aquellos que han visto, y recuerdan, los ciclos alcistas de la Bolsa -saboteados expresamente en las alturas, para que la gente no insistiera con eso y volviera a la renta fija- saben que no es alocado pensarlo. En 2009 las acciones y su índice duplicaron la inversión puesta en ellas, pero en un círculo cerrado, casi hermético. Fue un año donde la Bolsa no molestó y la dejaron.
Ahora, si la gente acudiera con sus colocaciones tronaría el escarmiento. Cuestión de intereses.


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