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Cupones bursátiles
Es todo un desfile de dialéctica, donde no aparecen muy claras las cuentas, qué es lo que se pretende cancelar, de qué manera se auditarán los pagos para que vayan -estrictamente- a tal objetivo. Y lo único que puebla el escenario es la tosudez del toro, entre dos corrientes enfrentadas. Llegando, inclusive, al fanatismo. Tal como lo entendía de modo magistral Ambrose Bierce -en su «Diccionario del Diablo»- definiendo lo fanático como: «redoblar el esfuerzo después que se ha olvidado el fin». ¿La oposición qué pretende, desconocer los pagos que hay que efectuar?
El oficialismo ¿qué pretende?, ¿poder abrir los grifos del Central para pagar deuda, como excusa, y utilizar más fondos para lubricar su camino a 2001? Por Dios, traten en algún momento de que ciudadanos -y mercados- puedan entender algo de todo el sainete que se está desarrollando. Y que sitúa al país en una situación de anarquía de ideas, de confrontaciones estériles, de dejar primar el mal entendido orgullo partidario, antes que lo mejor para la República.
La semana pasada, casi milagrosamente, se obtuvieron nuevamente buenos resultados. Insólitos. Y en otras épocas, para ilustrar al lector joven, todo lo que circunda en estos momentos al escenario bursátil hubiera generado una baja de gran magnitud, en el andar de la tendencia local. Existe una suerte de sociedad anestesiada, de tanto que se ha visto en estos años, donde todo decanta y se desliza como si fueran situaciones normales, en lo más alto de la política nacional. Los operadores parecen estar prestos para sacar partido de alguna novedad que -bien retorcida- sirva para que un bono trepe un 5% o una acción el 3%. Y poder colocarla en venta, al día siguiente. El «pagar o no pagar», el «ahogar o no ahogar», se convirtió en un juego de mayorías y minorías donde la Nación, llora.


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