16 de marzo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Hay una valla cada vez más alta de las proyecciones que se realizan respecto de la cota inflacionaria de 2010. Se comenzó hablando de un 20% como «piso» y después de lo visto en febrero, ya surgieron primeros avances que suben la imaginaria varilla a unos cuantos puntos más arriba. Tal como se pueden ver los encontronazos, dimes y diretes, y diversas manifestaciones de quienes luchan por la caja nacional y provincial: la inflación no es tema que los preocupe. Antes que ello, ver de qué modo se canjean y «negocian» apoyos por dineros y acceder a mayores cuotas de gastos.

Los mismos sindicatos han subido también la varilla de sus reclamos inminentes, que estarán más cerca de un 30% que de lo que era anterior pretensión. Como alguna declaración, absurda, de una funcionaria apuntó a que «los salarios no son un costo» y la Presidente ha ido en la misma dirección en sus discursos, todo dibuja un escenario de la Argentina camino de repetir su triste historial, de ir pasando por distintos estados de inflación creciente hasta coronar en lo que se hace luego imposible de gobernar.

Una nota de tapa de nuestro diario de ayer estaba referida a que los argentinos -recordando viejos mecanismos de defensa- están acelerando el consumo no en la dirección virtuosa (crecimiento genuino), sino como huida del peso que se deprecia. Y mientras el discurso oficial realce la tendencia como una economía que «se fortalece», la inflación se regocija.

Y he aquí que de tal estado alterado e indeseable para las consecuencias futuras, la Bolsa y sus acciones pueden encontrar la chance de generar una tendencia artificial, pero suculenta en sus alcances.

Tiempo de desempolvar referencias a lejanas épocas, donde dentro de la canasta de alternativas defensivas en inversiones, los títulos privados resultaron un refugio más eficaz que los competidores. Cada vez más desagiados los intereses que se consigan por el dinero en renta fija, el simple atesoramiento de dólares no concita expectativas demasiado atractivas, porque será la única variable que se procurará mantener bajo cierto control. Solamente los «bonos-basura», y si reciben el estímulo del canje, pueden resultar el polo de atracción. Aunque dentro de un juego mucho más ceñido a lo profesional que las acciones.

Existe así un escenario que, no por sanos argumentos, es capaz de otorgar a los títulos empresarios cotizantes una chance: que les estaría negada por todo lo demás. Fascinante.

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