30 de marzo 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Y cada vez nos parecemos más al pasado. A tramas de la vida económica, donde el ciudadano reconoce que hay una suerte de «plagio» histórico. Como para decir, esta novela puede que la firmen otros autores: pero ya la tengo leída desde hace mucho. Y los argentinos solemos ser terminantes en afirmar sobre ciertas cuestiones: «Esto no se verá nunca más...». Y volvemos a verlo y hasta mucha gente lo asume como si resultara toda una novedad. Dichos del tipo de Moyano, que en tren de salvar apariencias por declaraciones anteriores y que daban de frente contra lo que venía de decir Amado Boudou, quiso colocar un parche y balbuceó un: «Bueno, un poco de inflación no es tan mala». Para reforzar la imagen forjó una nueva frase histórica, para el archivo de las estupideces económicas: «La inflación controlada es muchísimo mejor que la pérdida de puestos de trabajo...».

Roberto Feletti -viceministro de Economía- ensayó un pensamiento misterioso y casi imposible de develar. Referido al INDEC aseguró que: «El organismo mide bien lo que tiene que medir» (?). Y debería inferirse que aquello que no mide, es lo que está generando una oleada creciente de disputas y polémicas.

Salvo los altos funcionarios de Gobierno, que pretenden que se está hablando de algún fantasma, o se está inventando un período de inflación acelerándose: a nadie le quedan dudas en la sociedad que los precios «tensos» de Boudou, en realidad han roto amarras y ya entraron en el clásico «espiral alcista»: que se nutre de expectativas y de memoria inflacionaria.

Decíamos ayer que no se percibe todavía un «tironeo de demanda» adicional, a los conocidos montos negociados en acciones. Pero, esto debería ser solamente una cuestión de tiempo y simplemente por repetir capítulos de la novela ya leída, a la que hacíamos referencia. Y eso que falta el condimento explosivo que había surgido en la década del 70, con la «Ley de Revalúos», donde permitió a las compañías capitalizar la inflación acumulada en sus activos.

Por el momento, y con el «canje» por delante, es probable que la vista de las carteras se centralicen sobre el segmento de bonos. Tipo de «papeluchos» que ya han defraudado profundamente y que no se sabe bien qué tipo de respaldo real -y prestigioso- tienen por detrás. A sabiendas de que la palabra del «soberano» local, se ha devaluado hace mucho. Llegará la hora de poner ojos sobre los verdaderos activos y allí puede haber: fiesta inesperada.