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Para el reinicio de hoy se podrán tomar referencias de lo realizado afuera si han quedado bien parados o tambaleando, como últimamente.
Por nuestra tierra, el dato que se va a confrontar resultará el del volumen de los negocios y si el «arrugue» vertical que se ha visto consumado establece una nueva base de operaciones. El ángulo inverso sería que retorne la temerosa demanda y que el marco vuelva a ser de un calibre necesario si se quiere retomar el movimiento.
Juego cortito
De lo contrario, con ruedas como la del viernes y sus lánguidos $ 51 millones, se debería dar por concluida una corta etapa -dos meses y medio- y llegando a finales de ejercicio en la tesitura que imperó: durante los ocho primeros períodos de 2010. Juego cortito, neutralizaciones mutuas entre las fuerzas, la espera por algún papel -o un sector si es posible- que rinda por encima de la mediocridad promedio. Las dos visiones, sin y con monto de negocios apropiados, parten de aquella idea en la que siempre creímos: sin volumen no hay mercado. Por oposición, a quienes solamente se aferran a medir la consistencia, a través de la evolución de los precios y los índices.
Un mercado que va creciendo en volumen, aunque no lo haga en precios todavía, da una señal valiosa y concreta. Se está produciendo la etapa de «acumulación» de posiciones y la que -a cierto plazo- da a luz la del «crecimiento» inevitable y donde se goza de la gran fiesta de ganancias. Luego llega la «madurez» -como pasa en todo aspecto de la vida- y, finalmente, la etapa más triste y que corresponde a la «dispersión» del ciclo, o de un movimiento de corto plazo.
En cambio, ver un aumento de precios sin que se dilate la base de negocios es tener que aguardar dónde irá a caerse. Lo hecho desde setiembre, con expansión a tres dígitos de volumen es inimaginable si el sustento debe ser de solamente la mitad de ello. Medir esto.


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